Puede que no sea cierto, pero quiero creérmelo. Quizá es porque lo necesite o quizá tan solo es para sentirme mejor. No lo sé, simplemente tengo algo que decir. Te quiero.

viernes, 20 de enero de 2012

El mundo comienza a desmoronarse.

...Y lo hace poco a poco.
En un sitio cualquiera, con gente conocida pero al mismo tiempo totalmente lejana a mi mundo. Los gritos lejanos se empeñaban en llegar a mis oídos, gritos de júbilo y de alegría por algo que iba a repetirse una y otra vez... Mientras tanto mi mente daba vueltas, se convertía en un ciclón sin ojo. No iba a llegar la calma esa noche.
Y de  repente se fue. Se marchó y se escondió en la oscuridad con su ángel. Podía adivinar perfectamente de que estaban conversando. Del infierno. De la injusticia. E incluso pude sentir como comenzaba a desmoronarse y sus ojos se aguaban, queriendo todo su cuerpo estallar en lágrimas. Lágrimas que lo dirían todo. Y la dejé ir con su ángel porque sé que ella la entiende, porque sé que la apoya y la escucha. Porque sé que está ahí, que conoce esa fachada que no muestra a nadie. Su ángel conoce sus secretos, sus miedos y la ha ayudado a seguir.
Como yo.
Pero yo no soy su ángel.
El sonido de la silla en la que estaba sentada me hizo desviar la mirada hacia donde estaría ella; a mi lado. Pero no, no estaba. Y caminé en silencio. Ya sabía lo que iba a ver y a pesar de eso no quería verlo porque no me gusta que ella se derrumbe, que caiga, que la hagan sufrir. Uno. Dos. Tres. Cuatro escalones. Y entonces mis ojos encontraron el brillo de aquel cabello marrón que se agitaba y destrozaba su peinado. Su ángel me miró; me dijo que me detuviera, que no siguiera andando. Y lo hice. Me quedé allí, como una estatua, esperando a que terminara de recitar sus consejos. Pero cuando pude acercarme sin que me dijeran que me detuviera...lo vi. Vi aquellos enormes ojos llenos de lágrimas, lágrimas estancadas, que empañaban su vista color miel y la hacían más clara.
¿Por qué? Ella no merece llorar.

Mi voz  resonó e hizo una pregunta. Una pregunta que respondió con un asentimiento de cabeza, aunque yo sabía que no era así. Estaba de todo menos bien. Mi mente se paró y en mi garganta comenzó aquella incomodidad que anunciaba que pronto iba a tener que dejarlas escapar. Y todo mi cuerpo se preparó para ello. Aún así me centré.

-¿Cómo vas a llorar tú también?- Me preguntó mi consciencia.- Si no eres fuerte por ella, ¿quién lo será?

Y es cierto. Así que me tragué todo aquello, me tragué las lágrimas, las ganas de salir corriendo y llevármela conmigo, de alejarla de su infierno personal. Y decirme a mi misma que no era cierto, que el tiempo iba a detenerse y que seguiría viéndola enfadar, reír...
La realidad vuelve a golpearme cuando me siento delante de toda esa gente. Están ahí, divirtiéndose, pasándola bien mientras miran un partido de fútboll y comen papas locas. Pero a mi se me ha quitado el apetito de repente. Mi pierna se mueve con nerviosismo mientras escucho a mi compañero de al lado preguntar algo. No quiero hablar de ello. Los minutos pasan, las risas siguen. Sin embargo no la he visto ni siquiera sonreír y apenas hemos compartido dos palabras. Me levanto; no puedo seguir sentada. No puedo seguir allí. Y camino, me alejo con lentitud de todo aquello. El viento me golpea cuando tiene oportunidad y me hace mirar a la plaza desierta. Por un momento me pregunto qué pasaría si todo fuera mentira.

Sí, que no estaríamos así. Ni ella, ni yo.

Giro sobre mis talones; sé que no puedo alejarme más. Las baldosas del suelo se dividen en líneas y forman un dibujo en círculo. Puedo contarlo perfectamente y lo hago. Una, dos, tres. Dieciséis rayas. Y por cada una mi cuerpo me impulsa a hacerlo. Sé que no voy a aguantar más, pero no voy a dejar que nadie más lo vea. Mis planes se rompen cuando su voz pronuncia mi nombre; me está llamando. Trago saliva, aparto las lágrimas con un manotazo y me doy la vuelta, caminando hasta el peldaño donde está subida.
¿Enserio? ¿Cómo voy a querer fingir delante de ella? Mis ojos me delatan y si no soy ellos es simplemente mi mirada quién lo dice todo. Y ella lo sabe. Me abraza y me desmorono.

Me pregunto qué voy a hacer sin esos brazos que me apretujan cuando más lo necesito.
Y sin esa voz que me dice que todo está bien y que por qué estoy llorando.
Me pregunto qué va a ser de mi sin mi mejor amiga.

jueves, 19 de enero de 2012

Co-razones.

No hace falta que me digáis eso de que sus caderas, ya sé de sobra que tiene esa sonrisas y esas maneras, y todo el remolino que forma en cada paso y gesto que da. Pero además la he visto seria ser ella misma y enserio que eso no se puede escribir en un poema. Por eso, eso que me cuentas de que ¡mírala, cómo bebe las cervezas! y como se revuelve sobre las baldosas, y que fácil parece a veces enamorarse... Todo eso de que ella puede llegar a ser ese puto único motivo de seguir vivo y a la mierda con la autodestrucción. Todo eso de que los besos de ciertas bocas saben mejor es un cuento que me sé desde el día que me dio dos besos y me dijo su nombre.
Pero no sabes lo que es caer desde un precipicio y que ella aparezca de golpe y de frente para decirte: "Venga, hazte un peta y me lo cuentas."No sabes lo que es despertarse y que ella se retuerce y bostece, luego te abrace, y luego no sepas como deshacerte de todo el mundo. Así que supondrás que yo soy el primero que entiende que pierdes la cabeza por sus piernas, el sentido por sus palabras y los huevos por un mínimo roce de mejilla. Que las suspicacias, los disimulos cuando su culo pasa, las incomodidades de orgullo que pueda provocarte son algo con lo que ya cuento. Quiero decir que a mi de versos no me tienes que decir nada, que hace tiempo que escribo los míos.
¡Qué yo también la veo! Y cuando ella cruza por lo bajo del cielo sólo el tonto mira al cielo. Que sé como agacha la cabeza, levanta la mirada y se muerde el labio superior. Que conozco su voz en formato susurro, y en formato gemido, y en formato secreto, que me sé sus cicatrices y el sitio que la tienes que tocar en el este de su pie izquierdo para conseguir que se ría. Y me sé lo de sus rodillas y la forma de rozar las cuerdas de la guitarra. Que yo también he memorizado su número de  teléfono, pero también el número de sus escalones y el número de veces que afina las cuerdas antes de ahorcarse por bulerías. Que no solo conozco su última pesadilla,  también las mil anteriores, yo sí que no tengo cojones a decirle que no a nada,


          porque tengo más deudas con su espalda de las que nadie tendrá jamás con la Luna.


Y mira que hay tontos enamorados en este mundo. Que sé la cara que pone cuando se deja ser completamente ella, rendida a ese puto milagro que supone que exista. Que la he visto volar por encima de poetas que valían mucho más que estos dedos, y la he visto formar un charco de arena rompiendo todos los  relojes que le puso el camino, y le he visto hacerle competencia a cualquier amanecer por la ventana. No me hablen de paisaje si no han visto su cuerpo. Que lo de: "Mira sí, un polvo es un polvo y sólo el tesoro pintado de rojo sobre sus uñas y sólo las letras pueden posarse sobre las cinco letras de su nombre."
Que te entiendo, que yo escribo sobre lo mismo, sobre la misma.
Que razones tenemos todos, pero yo, muchas más que vosotros. 

Quiero.

Quiero sentirte cerca aunque sean diez minutos, para poder decir que la perfección existe.
Quiero eliminar todas las barreras con un soplido, derribar el cristal que no deja a nuestras manos juntarse.
Quiero beberme el mar para que luego no hayan justificaciones para no poder verte.
Quiero verte sonreír y que lo hagas para mi.
Quiero que tu miedo se esfume.
Quiero que te muerdas el labio inferior cuando te hago sonreír y que luego digas que no te he visto hacerlo.
Quiero que me abraces, que me beses el hombro y que me invada esa sensación de bienestar.
Quiero que me robes un beso cuando menos me lo espero y después robarte yo uno.
Quiero que digas "hm", porque te haces el duro y eso me hace gracia.
Quiero que me mires y que eso baste para decirlo todo.
Quiero que estés aquí.
Te quiero a ti.