Puede que no sea cierto, pero quiero creérmelo. Quizá es porque lo necesite o quizá tan solo es para sentirme mejor. No lo sé, simplemente tengo algo que decir. Te quiero.

sábado, 4 de febrero de 2012

Y él dijo...

" Pero ella siempre, SIEMPRE estará ahí. Y... no prometo que las cosas no se romperán, pero sí que nunca dejaré de sentir esto por ella, esté donde esté. Siempre lo será todo para mi. "

viernes, 20 de enero de 2012

El mundo comienza a desmoronarse.

...Y lo hace poco a poco.
En un sitio cualquiera, con gente conocida pero al mismo tiempo totalmente lejana a mi mundo. Los gritos lejanos se empeñaban en llegar a mis oídos, gritos de júbilo y de alegría por algo que iba a repetirse una y otra vez... Mientras tanto mi mente daba vueltas, se convertía en un ciclón sin ojo. No iba a llegar la calma esa noche.
Y de  repente se fue. Se marchó y se escondió en la oscuridad con su ángel. Podía adivinar perfectamente de que estaban conversando. Del infierno. De la injusticia. E incluso pude sentir como comenzaba a desmoronarse y sus ojos se aguaban, queriendo todo su cuerpo estallar en lágrimas. Lágrimas que lo dirían todo. Y la dejé ir con su ángel porque sé que ella la entiende, porque sé que la apoya y la escucha. Porque sé que está ahí, que conoce esa fachada que no muestra a nadie. Su ángel conoce sus secretos, sus miedos y la ha ayudado a seguir.
Como yo.
Pero yo no soy su ángel.
El sonido de la silla en la que estaba sentada me hizo desviar la mirada hacia donde estaría ella; a mi lado. Pero no, no estaba. Y caminé en silencio. Ya sabía lo que iba a ver y a pesar de eso no quería verlo porque no me gusta que ella se derrumbe, que caiga, que la hagan sufrir. Uno. Dos. Tres. Cuatro escalones. Y entonces mis ojos encontraron el brillo de aquel cabello marrón que se agitaba y destrozaba su peinado. Su ángel me miró; me dijo que me detuviera, que no siguiera andando. Y lo hice. Me quedé allí, como una estatua, esperando a que terminara de recitar sus consejos. Pero cuando pude acercarme sin que me dijeran que me detuviera...lo vi. Vi aquellos enormes ojos llenos de lágrimas, lágrimas estancadas, que empañaban su vista color miel y la hacían más clara.
¿Por qué? Ella no merece llorar.

Mi voz  resonó e hizo una pregunta. Una pregunta que respondió con un asentimiento de cabeza, aunque yo sabía que no era así. Estaba de todo menos bien. Mi mente se paró y en mi garganta comenzó aquella incomodidad que anunciaba que pronto iba a tener que dejarlas escapar. Y todo mi cuerpo se preparó para ello. Aún así me centré.

-¿Cómo vas a llorar tú también?- Me preguntó mi consciencia.- Si no eres fuerte por ella, ¿quién lo será?

Y es cierto. Así que me tragué todo aquello, me tragué las lágrimas, las ganas de salir corriendo y llevármela conmigo, de alejarla de su infierno personal. Y decirme a mi misma que no era cierto, que el tiempo iba a detenerse y que seguiría viéndola enfadar, reír...
La realidad vuelve a golpearme cuando me siento delante de toda esa gente. Están ahí, divirtiéndose, pasándola bien mientras miran un partido de fútboll y comen papas locas. Pero a mi se me ha quitado el apetito de repente. Mi pierna se mueve con nerviosismo mientras escucho a mi compañero de al lado preguntar algo. No quiero hablar de ello. Los minutos pasan, las risas siguen. Sin embargo no la he visto ni siquiera sonreír y apenas hemos compartido dos palabras. Me levanto; no puedo seguir sentada. No puedo seguir allí. Y camino, me alejo con lentitud de todo aquello. El viento me golpea cuando tiene oportunidad y me hace mirar a la plaza desierta. Por un momento me pregunto qué pasaría si todo fuera mentira.

Sí, que no estaríamos así. Ni ella, ni yo.

Giro sobre mis talones; sé que no puedo alejarme más. Las baldosas del suelo se dividen en líneas y forman un dibujo en círculo. Puedo contarlo perfectamente y lo hago. Una, dos, tres. Dieciséis rayas. Y por cada una mi cuerpo me impulsa a hacerlo. Sé que no voy a aguantar más, pero no voy a dejar que nadie más lo vea. Mis planes se rompen cuando su voz pronuncia mi nombre; me está llamando. Trago saliva, aparto las lágrimas con un manotazo y me doy la vuelta, caminando hasta el peldaño donde está subida.
¿Enserio? ¿Cómo voy a querer fingir delante de ella? Mis ojos me delatan y si no soy ellos es simplemente mi mirada quién lo dice todo. Y ella lo sabe. Me abraza y me desmorono.

Me pregunto qué voy a hacer sin esos brazos que me apretujan cuando más lo necesito.
Y sin esa voz que me dice que todo está bien y que por qué estoy llorando.
Me pregunto qué va a ser de mi sin mi mejor amiga.

jueves, 19 de enero de 2012

Co-razones.

No hace falta que me digáis eso de que sus caderas, ya sé de sobra que tiene esa sonrisas y esas maneras, y todo el remolino que forma en cada paso y gesto que da. Pero además la he visto seria ser ella misma y enserio que eso no se puede escribir en un poema. Por eso, eso que me cuentas de que ¡mírala, cómo bebe las cervezas! y como se revuelve sobre las baldosas, y que fácil parece a veces enamorarse... Todo eso de que ella puede llegar a ser ese puto único motivo de seguir vivo y a la mierda con la autodestrucción. Todo eso de que los besos de ciertas bocas saben mejor es un cuento que me sé desde el día que me dio dos besos y me dijo su nombre.
Pero no sabes lo que es caer desde un precipicio y que ella aparezca de golpe y de frente para decirte: "Venga, hazte un peta y me lo cuentas."No sabes lo que es despertarse y que ella se retuerce y bostece, luego te abrace, y luego no sepas como deshacerte de todo el mundo. Así que supondrás que yo soy el primero que entiende que pierdes la cabeza por sus piernas, el sentido por sus palabras y los huevos por un mínimo roce de mejilla. Que las suspicacias, los disimulos cuando su culo pasa, las incomodidades de orgullo que pueda provocarte son algo con lo que ya cuento. Quiero decir que a mi de versos no me tienes que decir nada, que hace tiempo que escribo los míos.
¡Qué yo también la veo! Y cuando ella cruza por lo bajo del cielo sólo el tonto mira al cielo. Que sé como agacha la cabeza, levanta la mirada y se muerde el labio superior. Que conozco su voz en formato susurro, y en formato gemido, y en formato secreto, que me sé sus cicatrices y el sitio que la tienes que tocar en el este de su pie izquierdo para conseguir que se ría. Y me sé lo de sus rodillas y la forma de rozar las cuerdas de la guitarra. Que yo también he memorizado su número de  teléfono, pero también el número de sus escalones y el número de veces que afina las cuerdas antes de ahorcarse por bulerías. Que no solo conozco su última pesadilla,  también las mil anteriores, yo sí que no tengo cojones a decirle que no a nada,


          porque tengo más deudas con su espalda de las que nadie tendrá jamás con la Luna.


Y mira que hay tontos enamorados en este mundo. Que sé la cara que pone cuando se deja ser completamente ella, rendida a ese puto milagro que supone que exista. Que la he visto volar por encima de poetas que valían mucho más que estos dedos, y la he visto formar un charco de arena rompiendo todos los  relojes que le puso el camino, y le he visto hacerle competencia a cualquier amanecer por la ventana. No me hablen de paisaje si no han visto su cuerpo. Que lo de: "Mira sí, un polvo es un polvo y sólo el tesoro pintado de rojo sobre sus uñas y sólo las letras pueden posarse sobre las cinco letras de su nombre."
Que te entiendo, que yo escribo sobre lo mismo, sobre la misma.
Que razones tenemos todos, pero yo, muchas más que vosotros. 

Quiero.

Quiero sentirte cerca aunque sean diez minutos, para poder decir que la perfección existe.
Quiero eliminar todas las barreras con un soplido, derribar el cristal que no deja a nuestras manos juntarse.
Quiero beberme el mar para que luego no hayan justificaciones para no poder verte.
Quiero verte sonreír y que lo hagas para mi.
Quiero que tu miedo se esfume.
Quiero que te muerdas el labio inferior cuando te hago sonreír y que luego digas que no te he visto hacerlo.
Quiero que me abraces, que me beses el hombro y que me invada esa sensación de bienestar.
Quiero que me robes un beso cuando menos me lo espero y después robarte yo uno.
Quiero que digas "hm", porque te haces el duro y eso me hace gracia.
Quiero que me mires y que eso baste para decirlo todo.
Quiero que estés aquí.
Te quiero a ti.

martes, 1 de noviembre de 2011

"...Se despide de ella con un beso en la mejilla, echándose el flequillo hacia un lado con un gesto de cabeza, acercándose a Lauren, que sonreía de una forma "sensual", sonriendo por ser amable, saludándola:
- Hola Lauren.
-¡Zénobe! -Exclamó con una vocecilla aguda, echándose a sus brazos para besar dos veces sus mejillas- Que guapo estás hoy,cariño..
A él se le escapa una carcajada,intentando disimularla después tosiendo, asintiendo:
- Será que me ha dado el sol.
-¿Y qué tal, ya tienes pareja para el baile? -Dijo ella, a lo que Zénobe pensaba.. "Joder, esta tía no se anda con rodeos..", carraspea y asiente, intentando no decirlo directamente:
- La verdad que sí...
-¡Ah! No pasa nada, es que tú.. -se muerde el labio, a lo que Zénobe intenta forzar una sonrisa, cual le salió genial- Pero me guardas un baile, eh.
-Claro, sí,sí.. -Asiente, sin importarle mucho bailar con ella,pues al fin y al cabo serían unos minutos, lo que durase la canción.
Zénobe se disculpa diciendo que tiene que marcharse ya, por que se inventa que ha quedado con unos amigos. Lauren también dice, que debe marcharse, y sin contarse ni un pelo, toma a Zénobe de las mejillas no sin antes mirar a Annie, como asegurándose de que lo estaba viendo y comienza a besarle. Al principio éste se queda medio gilipollas, pero la acaba apartando un poco, carraspeando y humedeciéndose los labios, observando como esta se marchaba tan feliz como una flor hacia el comedor con su grupo.
Annie entrecerraba los ojos y apoyaba la cabeza en la puerta del comedor, frunciendo los labios, intentando ser lo más educada posible con aquellas chicas, que parecían estar diciéndole algo de..¿el baile? Sí, quizás..Lo cierto era que la chica no les estaba prestando atención. Entonces surge, como no, el tema de Zénobe. Parecía todo estrictamente planeado, siguiendo con la mirada una de las manos de las chicas, justo a tiempo para ver como Lauren la observaba detenidamente con una sonrisa triunfal en el rostro, esa tan odiosa que se le formaba cuando su mensaje era: "Siempre consigo lo que quiero". A partir de ahí todo parecía ir a cámara lenta, las chicas se marcharon y Annie miraba la escena sin parpadear, anonanada. ¿Estaba soñando? Sí, debía ser una pesadilla. Pero no, era todo tan real que incluso le dolía..Sentía una presión en el pecho, una fuerte presión que parecía querer ahogarla en cualquier momento. Cuando el beso acaba, más bien Zénobe aparta a Lauren, Annie sacude la cabeza, con las cejas alzadas y la mirada clavada en ambos, cerrando los ojos por un momento, respirando hondo. La mitad del comedor tenía la mirada clavada en Zénobe, la otra en Lauren. Pero Annie no parecía mirar ahora a nada, sino que se limita a girar sobre sus talones, echando a andar por los pasillos a paso lento, como si, como antes, fuera a cámara lenta y no estuviera ocurriendo. El dolor no cesaba, por lo que Annie vuelve a cerrar los ojos con fuerza, pellizcándose el brazo, haciéndose sangre, pero no le importa, se limita a seguir andando.
¿Pero que pretendía esa muchacha? Entonces desvía la mirada a Annie. Espera... ¿Y Annie? La busca con la mirada pero parecía que todo el mundo le estaba mirando, parecía el títere de un espectáculo. De pronto la ve entre la gente, alejándose a paso lento, y la llama, apartando a la gente de en medio, que como borregos se quedaron mirando la escena:
- Annie, Annie... -La coge del brazo para que no camine más, dándose cuenta del hilo de sangre que brotaba de este- Perdóname, yo no quería.. -Dice, posando la mano sobre la herida, sin curarla de momento pues había humanos delante. La muchedumbre empezaba a entrar poco a poco en el gran comedor para cenar, todos, con el mismo tema de conversación, y este seguía descompuesto por lo sucedido- Ven que te cure eso...
Sus pasos eran lentos, quizás demasiado, parecía una niña poseída de las películas de miedo, arrastrando los pies por el limpio suelo, que parecía querer reflejar su rostro. Le sentía detrás de ella, pero nisiquiera se volvió a mirar. Sintió su brazo, su tacto, pero le sentía allí, era real... Pero no podía darse la vuelta y mirarle a la cara. Se mordió el labio inferior, no por el dolor de la herida, sino por la ola de sentimientos que comenzaban a formarse dentro de su pecho, los cuales parecían querer matarla. Al escucharle aprieta los labios, apartando el brazo de él con un simple movimiento, no demasiado rudo, ni fuerte, entonces susurra:
- No..hace falta. -Se cubre la herida con una mano, curándose de repente, como si nunca hubiera estado allí, sin dejar marca ni cicatriz ninguna.
Annie no se estaba dirigiendo a la sala de comida de los vampiros, al contrario, se dirigía al ala oeste, donde se encontraba la biblioteca. Se le había quitado hasta el hambre, es decir, la sed. Mantuvo sus ojos clavados en el suelo, respirando hondo, mordiéndose el labio, sintiendo algo que no la dejaba hablar, como si estuviera a punto de echarse a llorar por algo muy fuerte.
Estaba roto por dentro, él no quiso besar a Lauren, es más, la apartó. Sentía un fuerte nudo en la garganta y en el estómago, dolido por ella, pues su intención no fue mala. La llamaba continuamente, pero ella no dirigia la mirada, se sentía el peor hombre del mundo en ese instante. Nada más sentir como le aparta con ese leve movimiento se le parte el alma. El labio inferior le temblaba, llamandola por última vez,pues parecía que no quería permanecer a su lado:
- Annie... perdóname por favor... -Se llevó las manos al rostro, hundiendose en estas, para echarse hacia atras el flequillo.
Parándose en medio del pasillo pues no sabía ni como actuar ante esa situación:
- Annie...
Le dolía la cabeza, todo le daba vueltas y el suelo donde estaba pisando comenzaba a helarse, otra vez perdia el control de sus poderes... Se servía inservible, inutil e impotente..."
"...Sus labios se fruncieron ligeramente al escuchar que no sabía si ir a la acampada, con cierto aire de desilusión en la mirada:
- Yo cuidaré de ti. -Dijo, convencida, asintiendo con rapidez, sonriendo de medio lado aunque realmente sería al contrario..¿Quién decía que no podía ser mutuo? Alza ambas cejas ante su otro comentario, susurrando- Si, claro, todo el instituto. -Desvía la mirada ligeramente, volviéndola a él, lanzandole la almohada, aunque sabía que la cogería con rapidez...Eso o le golpeaba. Aún así no pudo reprimir una sonrisita traviesa, mientras que se mordisqueaba el propio labio inferior con insistencia. Se echó hacia atrás, removiendose en las sábanas, alborotándolas, mirándole luego, con aire infantil, cubriendose la boca con los dedos.
Estaba tan sumamente atontado en sus asuntos, con la mirada perdida más allá de las montañas que se podían contemplar por la ventana que el cojín le dió en la cara haciéndole volver en sí, gediondeó por lo bajo, frotándose la mejilla:
- Te vengo a visitar, y ademas me maltratas... -Dice,fulminándola con la mirada, levantándose de su asiento con tanta rapidez que apenas en un segundo se deja caer sobre ella, sin dejar todo en peso sobre la cama, evitando reír y tomándola con cuidado por las muñecas, colocándoselas una a cada lado de la cabeza, mientras se acomoda de rodillas entre sus piernas- ¿Y ahora qué? Devuelveme mi chocolatina.. -Hace como si se hubiese picado como un niño chico, acercándose a sus labios para besarlos un breve instante, para separarse un poco después, perdiéndose en su mirada,canturreando una de las canciones pegadizas de un anuncio de cereales,como si nada hubiera pasado.
Se echó a reír cuando vio la cara que puso Zénobe al sentir el cojin en su rostro, siguiéndolo con la mirada hasta verle cerca suyo, dejándole espacio entre sus piernas de forma inconsciente, sintiendo sus muñecas presas de sus manos. Sonríe de medio lado al sentir su beso, intentando alargarlo o al menos quedarse con el sabor de sus labios, mirando sus ojos con fijeza para luego volver a sonreír al escucharle, negando repetidas veces con la cabeza antes de susurrar:
- Oblígame. -Tras decir esto parpadea con rapidez, como si se tratara de una niña pequeña pidiéndole algo a su madre, aunque ella no estaba pidiendo nada, tan solo estaba..tentando. Se acomoda sobre el colchón, estirandose bajo Zénobe, aunque no había dejado de mirarle.
Hacía tanto tiempo que no la besaba, echaba de menos esa tibieza en sus labios al aproximarse a los propios, alzando una ceja con diversión al ver como esta le hace tentar, intentando reprimir la risa, sonriendo de forma inconsciente, esta vez, volviendo a besar sus labios, jugando con estos, alargando el beso cuanto puede, respirando por la nariz de forma relajada. Suelta una de sus manos, y la desliza por su mejilla, por su cuello, por uno de sus costados, hasta alcanzar su cintura y depositar caricias en esta, para desviar entonces también los besos a su cuello, atrapando con los dientes la piel con cariño y sin hacerle daño. Las palabras sobraban en ese preciso instante..."
"...Nota su tirón, al cual responde corriendo también por los pasillos, intentando llegar con tiempo al avión, riendo sin querer de la situación pues parecía que se escapaban como Romeo y Julieta. Suspira feliz al ver que ya estan dentro, "¡por fin!", dice para sí, emocionado por el viaje que les espera. Camina por los pasillos de asientos observando al mínimo detalle a cada pasajero por si nota algo sospechoso. Mierda, ya le volvía a salir esa vena protectora que tenía con ella, sentándose a su lado con tranquilidad. Se abrocha el cinturón automáticamente, devolviendo la sonrisa, tomando el folleto:
- Veamos... -Dice, abriendo el panfleto y desplegándolo para ver al detalle todo lo que hay en él, sintiendo él también como despegan- A mí el lugar me da igual, me importa la compañía.
Ella le mira de reojo, sonriendo de medio lado al escucharle, sintiéndose ya en el aire debido a que el avión subía cada vez más, alcanzando por completo su altitud. No se había dado cuenta de que aún sujetaba su mano, acariciando ahora su piel con las yemas de los dedos, susurrando:
- Y pensar que no querías que viniera contigo..-Dibuja una pequeña mueca antes de recostarse en el asiento, posando la cabeza sobre el hombro de Zénobe, susurrando- Te prometí una vez que no te dejaría solo, ¿recuerdas?...-Entrecierra los ojos, sintiendo algo molesto, mirando el brazo de plástico que los separaba. Lo retira, acurrucándose luego en él, dejando escapar un suspiro al tiempo que volvia a susurrar- Pensé que no volverías..
Le pasa el brazo por lo hombros, atrayéndola a él cuando aparta el molesto posa brazos de plástico entre ambos, besando su sien sonoramente y acurrucándola para que esté a gusto, sonriendo con levedad, mientras mira por la ventana del avión. Las estrellas que hay en ese momento de la noche, pues en los aviones se ven estrellas fugaces recorriendo el cielo cada dos por tres, murmurando en bajo, ya que hay gente durmiendo en el trayecto, pues llevan unas horitas ya:
-Porque no quiero que te pase nada... -Vuelve a besarla, esta vez en la mejilla, haciéndole mimos, pues está algo mimoso- ¿Has visto que bien se ven las estrellas?
Bajó una de sus manos hasta desabrocharse el cinturón, frunciendo ligeramente los labios al sentir su beso, cerrando los ojos con cierta fuerza, respirando hondo, tranquila. Una sonrisa aflora en sus labios cuando vuelve a besarla y abre los ojos, volviendo la vista a la ventanilla, alzando ambas cejas al ver las estrellas. Su sonrisa se amplía, arrugando ella la nariz con rapidez, susurrando:
- Son hermosas. Me encantan las estrellas. -Luego vuelve la vista al chico, sin dejar de sonreír, acurrucándose en él como si fuera una niña pequeña, escondiendo la cabeza en el hueco de su cuello, dando luego sobre su hombro un beso suave, suspirando.
-Ya sé que te gustan las estrellas...-Musita más bien para si, observándolas junto a ella, viendo alguna que se mueve a la velocidad de la luz y como su llama se apaga al final del trayecto en el cielo. La verdad que las estrellas estaban muy bonitas esa noche, parecía que la gran tormenta había calmado de momento y que reinaba la calma. Intenta no reír cuando esta se acurruca de tal manera en él, como un gatito buscando calor humano, abrazándola y hablando en un tono bajito, en susurros:
- ¿A que no sabes qué? -Dice, depositando varios besos en su mejilla, uno tras otro, cariñoso, pretendiendo ser empalagoso, así que sigue dándole besos, divertido.
Se le escapa una risita al sentir sus besos y un ruidito que parece mas bien un ronroneo, el cual hace varias veces para luego callar, alzar la vista y mirarle un momento, parpadeando ligeramente. No sabia cuanto tiempo llevaban alli dentro, solo que el viaje duraba unas 9 horas, cosa que sería eterna para una persona que viajara sola, pero ella estaba con él y...con él parecia pasar el tiempo volando. Mira unos segundos a la ventanilla, arrugando la nariz, viendo una pequeña estrella fugaz recorrer el firmamento para luego evaporarse, desapareciendo, lo que le hace suspirar y volver a mirar a Zénobe, el cual aun no habia hablado. Se echa hacia arriba, dando en su nariz un pequeño toque con la propia, depositando sobre esta luego un beso, riendo entre dientes, bajito, negando para si.
Arruga la nariz ante lo que hizo, imitándola, pues ella suele hacer ese gesto con mucha frecuencia, riendo por ello, pero calma la risa al darse cuenta de que siguen en el avión, acercándose a su oreja para susurrar como si fuese un secreto:
- Te quiero. -Dice, teniéndola cerca, por lo que saca una manta de viaje del avión, que había frente a ellos en una pequeña red, extendiéndola, arropando a ambos con esos, como si fuesen dos viejetes, tapándose hasta debajo de los ojos, hablando en un tono divertido- ¿No me das más que esos besos? Pues ahora me tapo con el burka este. -Refunfuña, intentando no reírse.
Su sonrisa se agrandó cuando escuchó lo que le dijo Zénobe, mirándole de reojo, frunciendo ligeramente los labios antes de reír bajito, negando para si. Pasa ambas manos por su espalda, atrayéndolo más hacia si si es que es posible, acurrucándolo como si se tratara de un niño pequeño, comenzando a mover las manos por encima de su camiseta en una suave caricia, dando varios besos sobre su nuca, para luego bajar a su frente, sonriendo. Con la nariz perfila la de él, bajando hasta su mejilla y luego a su barbilla, susurrando mientras clavaba la vista en sus ojos azulados, perdiéndose en estos un momento, susurrando:
- Yo también te quiero, y eres un bobo..-Ríe entre dientes nuevamente, llenando su mejilla de besos suaves, dejando los labios allí posados..."