Puede que no sea cierto, pero quiero creérmelo. Quizá es porque lo necesite o quizá tan solo es para sentirme mejor. No lo sé, simplemente tengo algo que decir. Te quiero.

jueves, 30 de septiembre de 2010

Llanto de dioses.

Y, de un momento a otro, comenzó a llover.
Ella escuchó el sonido de la lluvia contra su ventana y corrió hasta allí para abrirla.
El agua era fría al tacto, seguramente si hubiera sido una temperatura de una piscina se habría congelado. Las gotas no eran muy gordas, tampoco eran finas, aun así, su brazo quedó empapado.
Miró hacia el cielo. Tras los negros nubarrones se divisaba el color celeste del cielo, pero, al desviar la mirada, todo cambiaba. Las montañas estaban cubiertas de oscuras nubes, dispuestas a pasar por allí sin importar nada.
Apoyó las manos sobre el cristal y se quedó pensativa.

-Dicen que la lluvia es el llanto de los dioses-dijo en su mente, luego, suspiró y cerró la ventana, alejándose del exterior tanto como fuera posible.

Tres horas más tarde.

Las lágrimas cayeron por sus mejillas, sin ninguna razón, simplemente, salieron de sus ojos,, posándose en sus mejillas, para luego descender suavemente hasta su boca.
Tal y como lo habían hecho los dioses.
Tal vez era solo casualidad.
Pero, una frase resonó en su cabeza:

"Las casualidades no existen, todo tiene una explicación".

Amistad.

Siete letras. Tres sílabas. Una palabra.


¿Qué es la amistad?
Es ese sentimiento hacia una persona que te importa...
Es la necesidad de sus abrazos cuando estás mal...
Es saber que estará ahí cuando necesites una mano amiga...
Es conocer sus defectos y virtudes...
Es saber que le necesitarás...
Es tu hermano/a, compañera/o...
Es conocer cada detalle de su vida...
Es meterte en líos por su culpa y arreglarlo juntos...
Es coger su mano y no soltarla hasta que esté seguro...
Es respeto.
Es cariño.
Es honestidad por encima de todo.


Porque un amigo no es quien te hace reír con mentiras, sino quien te hace llorar con verdades. 

Que las cosas se pinten fáciles no significa que lo sean.

Caminaba por la calle, pensativa. En su reloj marcaban las 2, las dos de la madrugada. Mil veces se había repetido que no debía pensar en ese tema. Ella se había quedado en el olvido. Y eso dolía, dolía mucho.
Pero, ¿qué era el olvido? ¿En realidad se lograba olvidar a una persona con facilidad? Por ahora, ella había descubierto que olvidar a alguien era muy difícil.
Olvidar, olvidar...
Siempre pasaba lo mismo, nunca olvidas ese sentimiento. Al recordar a esa persona el corazón te da un vuelco y dices: "Olvídalo, piensa en otra cosa".
Nunca quedamos en el olvido, simplemente salimos de la vida de alguien de forma inconsciente, el ascensor desciende y ya no estás donde estabas, ya no eres una prioridad, ahora eres un nivel inferior.


Lo peor de todo es que, en ocasiones, no se puede hacer nada. 

lunes, 13 de septiembre de 2010

Pesadillas.

En el descampado reinaba el silencio, normal, con la hora que era. Miró su reloj pero había demasiada oscuridad para ver los números que le dirían en que momento del día se encontraba.
Echó a andar, quizá, entre la espesa niebla podría encontrar la salida del lugar que muchas veces había sido su escondite. Pero no, estaba rodeada de matorrales con espinas, allí no había salida.
No se veía ni una luz..Extraño, eso estaba rodeado de hogares, pero no pasó nada, ella siguió andando. Tenía el pelo alborotado, las manos metidas en los bolsillos de su chaqueta, pantalones vaqueros y all stars negros como la noche.
Miró a su alrededor, habían árboles de cerezo marchitos. Abrió los ojos como platos: Eso era imposible, estaba en Europa, no en Japón. Frunció el ceño y siguió andando, una fina llovizna la mojó.
-Oh, bien, lo que me faltaba.-Suspiró largamente.
En un destello algo...o alguien apareció frente a ella. Confusa, lo miró, intentando observarlo, pero era imposible, estaba rodeado de una luz que cegaba. Entrecerró los ojos. Definitivamente no era algo, era alguien. Una persona, un ser. Intentó volver a mirar, sus ojos se acostumbraban a tanta luz. Hasta que le divisó, no muy bien, pero lo hizo.
Era alto, un chico. Tenía los puños cerrados, iba vestido de blanco y la cabeza baja. El pelo caía por su frente, tenía los labios muy rojos...
Ella le observó, impresionada. El chico elevó la cabeza, clavando sus ojos marrones en los de ella. Estiró uno de los puños en su dirección, sin brusquedad. Abrió la mano, en la que estaba un collar. Tenía un corazón, lo más posible es que fuera de plata.
Ella frunció el ceño, le miró y este asintió.
Tomó el corazón entre las manos. Él señaló su cuello y ella obedeció, lo colgó en su cuello. Volvió a mirarlo y él sonrió de medio lado, como si estuviera orgulloso, luego, desapareció.
Y entonces...

Pegó un brinco en la cama, estaba agitada. Miró a su alrededor.
La misma habitación, la misma oscuridad.
Algo raro: la ventana abierta.
¿Había sido un sueño?
Se levantó a cerrar la ventana y quedó frente al espejo.
Pijama.
Pelo alborotado.
Y en su cuello, un corazón.