"...Se despide de ella con un beso en la mejilla, echándose el flequillo hacia un lado con un gesto de cabeza, acercándose a Lauren, que sonreía de una forma "sensual", sonriendo por ser amable, saludándola:
- Hola Lauren.
-¡Zénobe! -Exclamó con una vocecilla aguda, echándose a sus brazos para besar dos veces sus mejillas- Que guapo estás hoy,cariño..
A él se le escapa una carcajada,intentando disimularla después tosiendo, asintiendo:
- Será que me ha dado el sol.
-¿Y qué tal, ya tienes pareja para el baile? -Dijo ella, a lo que Zénobe pensaba.. "Joder, esta tía no se anda con rodeos..", carraspea y asiente, intentando no decirlo directamente:
- La verdad que sí...
-¡Ah! No pasa nada, es que tú.. -se muerde el labio, a lo que Zénobe intenta forzar una sonrisa, cual le salió genial- Pero me guardas un baile, eh.
-Claro, sí,sí.. -Asiente, sin importarle mucho bailar con ella,pues al fin y al cabo serían unos minutos, lo que durase la canción.
Zénobe se disculpa diciendo que tiene que marcharse ya, por que se inventa que ha quedado con unos amigos. Lauren también dice, que debe marcharse, y sin contarse ni un pelo, toma a Zénobe de las mejillas no sin antes mirar a Annie, como asegurándose de que lo estaba viendo y comienza a besarle. Al principio éste se queda medio gilipollas, pero la acaba apartando un poco, carraspeando y humedeciéndose los labios, observando como esta se marchaba tan feliz como una flor hacia el comedor con su grupo.
Annie entrecerraba los ojos y apoyaba la cabeza en la puerta del comedor, frunciendo los labios, intentando ser lo más educada posible con aquellas chicas, que parecían estar diciéndole algo de..¿el baile? Sí, quizás..Lo cierto era que la chica no les estaba prestando atención. Entonces surge, como no, el tema de Zénobe. Parecía todo estrictamente planeado, siguiendo con la mirada una de las manos de las chicas, justo a tiempo para ver como Lauren la observaba detenidamente con una sonrisa triunfal en el rostro, esa tan odiosa que se le formaba cuando su mensaje era: "Siempre consigo lo que quiero". A partir de ahí todo parecía ir a cámara lenta, las chicas se marcharon y Annie miraba la escena sin parpadear, anonanada. ¿Estaba soñando? Sí, debía ser una pesadilla. Pero no, era todo tan real que incluso le dolía..Sentía una presión en el pecho, una fuerte presión que parecía querer ahogarla en cualquier momento. Cuando el beso acaba, más bien Zénobe aparta a Lauren, Annie sacude la cabeza, con las cejas alzadas y la mirada clavada en ambos, cerrando los ojos por un momento, respirando hondo. La mitad del comedor tenía la mirada clavada en Zénobe, la otra en Lauren. Pero Annie no parecía mirar ahora a nada, sino que se limita a girar sobre sus talones, echando a andar por los pasillos a paso lento, como si, como antes, fuera a cámara lenta y no estuviera ocurriendo. El dolor no cesaba, por lo que Annie vuelve a cerrar los ojos con fuerza, pellizcándose el brazo, haciéndose sangre, pero no le importa, se limita a seguir andando.
¿Pero que pretendía esa muchacha? Entonces desvía la mirada a Annie. Espera... ¿Y Annie? La busca con la mirada pero parecía que todo el mundo le estaba mirando, parecía el títere de un espectáculo. De pronto la ve entre la gente, alejándose a paso lento, y la llama, apartando a la gente de en medio, que como borregos se quedaron mirando la escena:
- Annie, Annie... -La coge del brazo para que no camine más, dándose cuenta del hilo de sangre que brotaba de este- Perdóname, yo no quería.. -Dice, posando la mano sobre la herida, sin curarla de momento pues había humanos delante. La muchedumbre empezaba a entrar poco a poco en el gran comedor para cenar, todos, con el mismo tema de conversación, y este seguía descompuesto por lo sucedido- Ven que te cure eso...
Sus pasos eran lentos, quizás demasiado, parecía una niña poseída de las películas de miedo, arrastrando los pies por el limpio suelo, que parecía querer reflejar su rostro. Le sentía detrás de ella, pero nisiquiera se volvió a mirar. Sintió su brazo, su tacto, pero le sentía allí, era real... Pero no podía darse la vuelta y mirarle a la cara. Se mordió el labio inferior, no por el dolor de la herida, sino por la ola de sentimientos que comenzaban a formarse dentro de su pecho, los cuales parecían querer matarla. Al escucharle aprieta los labios, apartando el brazo de él con un simple movimiento, no demasiado rudo, ni fuerte, entonces susurra:
- No..hace falta. -Se cubre la herida con una mano, curándose de repente, como si nunca hubiera estado allí, sin dejar marca ni cicatriz ninguna.
Annie no se estaba dirigiendo a la sala de comida de los vampiros, al contrario, se dirigía al ala oeste, donde se encontraba la biblioteca. Se le había quitado hasta el hambre, es decir, la sed. Mantuvo sus ojos clavados en el suelo, respirando hondo, mordiéndose el labio, sintiendo algo que no la dejaba hablar, como si estuviera a punto de echarse a llorar por algo muy fuerte.
Estaba roto por dentro, él no quiso besar a Lauren, es más, la apartó. Sentía un fuerte nudo en la garganta y en el estómago, dolido por ella, pues su intención no fue mala. La llamaba continuamente, pero ella no dirigia la mirada, se sentía el peor hombre del mundo en ese instante. Nada más sentir como le aparta con ese leve movimiento se le parte el alma. El labio inferior le temblaba, llamandola por última vez,pues parecía que no quería permanecer a su lado:
- Annie... perdóname por favor... -Se llevó las manos al rostro, hundiendose en estas, para echarse hacia atras el flequillo.
Parándose en medio del pasillo pues no sabía ni como actuar ante esa situación:
- Annie...
Le dolía la cabeza, todo le daba vueltas y el suelo donde estaba pisando comenzaba a helarse, otra vez perdia el control de sus poderes... Se servía inservible, inutil e impotente..."
Puede que no sea cierto, pero quiero creérmelo. Quizá es porque lo necesite o quizá tan solo es para sentirme mejor. No lo sé, simplemente tengo algo que decir. Te quiero.
martes, 1 de noviembre de 2011
"...Sus labios se fruncieron ligeramente al escuchar que no sabía si ir a la acampada, con cierto aire de desilusión en la mirada:
- Yo cuidaré de ti. -Dijo, convencida, asintiendo con rapidez, sonriendo de medio lado aunque realmente sería al contrario..¿Quién decía que no podía ser mutuo? Alza ambas cejas ante su otro comentario, susurrando- Si, claro, todo el instituto. -Desvía la mirada ligeramente, volviéndola a él, lanzandole la almohada, aunque sabía que la cogería con rapidez...Eso o le golpeaba. Aún así no pudo reprimir una sonrisita traviesa, mientras que se mordisqueaba el propio labio inferior con insistencia. Se echó hacia atrás, removiendose en las sábanas, alborotándolas, mirándole luego, con aire infantil, cubriendose la boca con los dedos.
Estaba tan sumamente atontado en sus asuntos, con la mirada perdida más allá de las montañas que se podían contemplar por la ventana que el cojín le dió en la cara haciéndole volver en sí, gediondeó por lo bajo, frotándose la mejilla:
- Te vengo a visitar, y ademas me maltratas... -Dice,fulminándola con la mirada, levantándose de su asiento con tanta rapidez que apenas en un segundo se deja caer sobre ella, sin dejar todo en peso sobre la cama, evitando reír y tomándola con cuidado por las muñecas, colocándoselas una a cada lado de la cabeza, mientras se acomoda de rodillas entre sus piernas- ¿Y ahora qué? Devuelveme mi chocolatina.. -Hace como si se hubiese picado como un niño chico, acercándose a sus labios para besarlos un breve instante, para separarse un poco después, perdiéndose en su mirada,canturreando una de las canciones pegadizas de un anuncio de cereales,como si nada hubiera pasado.
Se echó a reír cuando vio la cara que puso Zénobe al sentir el cojin en su rostro, siguiéndolo con la mirada hasta verle cerca suyo, dejándole espacio entre sus piernas de forma inconsciente, sintiendo sus muñecas presas de sus manos. Sonríe de medio lado al sentir su beso, intentando alargarlo o al menos quedarse con el sabor de sus labios, mirando sus ojos con fijeza para luego volver a sonreír al escucharle, negando repetidas veces con la cabeza antes de susurrar:
- Oblígame. -Tras decir esto parpadea con rapidez, como si se tratara de una niña pequeña pidiéndole algo a su madre, aunque ella no estaba pidiendo nada, tan solo estaba..tentando. Se acomoda sobre el colchón, estirandose bajo Zénobe, aunque no había dejado de mirarle.
Hacía tanto tiempo que no la besaba, echaba de menos esa tibieza en sus labios al aproximarse a los propios, alzando una ceja con diversión al ver como esta le hace tentar, intentando reprimir la risa, sonriendo de forma inconsciente, esta vez, volviendo a besar sus labios, jugando con estos, alargando el beso cuanto puede, respirando por la nariz de forma relajada. Suelta una de sus manos, y la desliza por su mejilla, por su cuello, por uno de sus costados, hasta alcanzar su cintura y depositar caricias en esta, para desviar entonces también los besos a su cuello, atrapando con los dientes la piel con cariño y sin hacerle daño. Las palabras sobraban en ese preciso instante..."
- Yo cuidaré de ti. -Dijo, convencida, asintiendo con rapidez, sonriendo de medio lado aunque realmente sería al contrario..¿Quién decía que no podía ser mutuo? Alza ambas cejas ante su otro comentario, susurrando- Si, claro, todo el instituto. -Desvía la mirada ligeramente, volviéndola a él, lanzandole la almohada, aunque sabía que la cogería con rapidez...Eso o le golpeaba. Aún así no pudo reprimir una sonrisita traviesa, mientras que se mordisqueaba el propio labio inferior con insistencia. Se echó hacia atrás, removiendose en las sábanas, alborotándolas, mirándole luego, con aire infantil, cubriendose la boca con los dedos.
Estaba tan sumamente atontado en sus asuntos, con la mirada perdida más allá de las montañas que se podían contemplar por la ventana que el cojín le dió en la cara haciéndole volver en sí, gediondeó por lo bajo, frotándose la mejilla:
- Te vengo a visitar, y ademas me maltratas... -Dice,fulminándola con la mirada, levantándose de su asiento con tanta rapidez que apenas en un segundo se deja caer sobre ella, sin dejar todo en peso sobre la cama, evitando reír y tomándola con cuidado por las muñecas, colocándoselas una a cada lado de la cabeza, mientras se acomoda de rodillas entre sus piernas- ¿Y ahora qué? Devuelveme mi chocolatina.. -Hace como si se hubiese picado como un niño chico, acercándose a sus labios para besarlos un breve instante, para separarse un poco después, perdiéndose en su mirada,canturreando una de las canciones pegadizas de un anuncio de cereales,como si nada hubiera pasado.
Se echó a reír cuando vio la cara que puso Zénobe al sentir el cojin en su rostro, siguiéndolo con la mirada hasta verle cerca suyo, dejándole espacio entre sus piernas de forma inconsciente, sintiendo sus muñecas presas de sus manos. Sonríe de medio lado al sentir su beso, intentando alargarlo o al menos quedarse con el sabor de sus labios, mirando sus ojos con fijeza para luego volver a sonreír al escucharle, negando repetidas veces con la cabeza antes de susurrar:
- Oblígame. -Tras decir esto parpadea con rapidez, como si se tratara de una niña pequeña pidiéndole algo a su madre, aunque ella no estaba pidiendo nada, tan solo estaba..tentando. Se acomoda sobre el colchón, estirandose bajo Zénobe, aunque no había dejado de mirarle.
Hacía tanto tiempo que no la besaba, echaba de menos esa tibieza en sus labios al aproximarse a los propios, alzando una ceja con diversión al ver como esta le hace tentar, intentando reprimir la risa, sonriendo de forma inconsciente, esta vez, volviendo a besar sus labios, jugando con estos, alargando el beso cuanto puede, respirando por la nariz de forma relajada. Suelta una de sus manos, y la desliza por su mejilla, por su cuello, por uno de sus costados, hasta alcanzar su cintura y depositar caricias en esta, para desviar entonces también los besos a su cuello, atrapando con los dientes la piel con cariño y sin hacerle daño. Las palabras sobraban en ese preciso instante..."
"...Nota su tirón, al cual responde corriendo también por los pasillos, intentando llegar con tiempo al avión, riendo sin querer de la situación pues parecía que se escapaban como Romeo y Julieta. Suspira feliz al ver que ya estan dentro, "¡por fin!", dice para sí, emocionado por el viaje que les espera. Camina por los pasillos de asientos observando al mínimo detalle a cada pasajero por si nota algo sospechoso. Mierda, ya le volvía a salir esa vena protectora que tenía con ella, sentándose a su lado con tranquilidad. Se abrocha el cinturón automáticamente, devolviendo la sonrisa, tomando el folleto:
- Veamos... -Dice, abriendo el panfleto y desplegándolo para ver al detalle todo lo que hay en él, sintiendo él también como despegan- A mí el lugar me da igual, me importa la compañía.
Ella le mira de reojo, sonriendo de medio lado al escucharle, sintiéndose ya en el aire debido a que el avión subía cada vez más, alcanzando por completo su altitud. No se había dado cuenta de que aún sujetaba su mano, acariciando ahora su piel con las yemas de los dedos, susurrando:
- Y pensar que no querías que viniera contigo..-Dibuja una pequeña mueca antes de recostarse en el asiento, posando la cabeza sobre el hombro de Zénobe, susurrando- Te prometí una vez que no te dejaría solo, ¿recuerdas?...-Entrecierra los ojos, sintiendo algo molesto, mirando el brazo de plástico que los separaba. Lo retira, acurrucándose luego en él, dejando escapar un suspiro al tiempo que volvia a susurrar- Pensé que no volverías..
Le pasa el brazo por lo hombros, atrayéndola a él cuando aparta el molesto posa brazos de plástico entre ambos, besando su sien sonoramente y acurrucándola para que esté a gusto, sonriendo con levedad, mientras mira por la ventana del avión. Las estrellas que hay en ese momento de la noche, pues en los aviones se ven estrellas fugaces recorriendo el cielo cada dos por tres, murmurando en bajo, ya que hay gente durmiendo en el trayecto, pues llevan unas horitas ya:
-Porque no quiero que te pase nada... -Vuelve a besarla, esta vez en la mejilla, haciéndole mimos, pues está algo mimoso- ¿Has visto que bien se ven las estrellas?
Bajó una de sus manos hasta desabrocharse el cinturón, frunciendo ligeramente los labios al sentir su beso, cerrando los ojos con cierta fuerza, respirando hondo, tranquila. Una sonrisa aflora en sus labios cuando vuelve a besarla y abre los ojos, volviendo la vista a la ventanilla, alzando ambas cejas al ver las estrellas. Su sonrisa se amplía, arrugando ella la nariz con rapidez, susurrando:
- Son hermosas. Me encantan las estrellas. -Luego vuelve la vista al chico, sin dejar de sonreír, acurrucándose en él como si fuera una niña pequeña, escondiendo la cabeza en el hueco de su cuello, dando luego sobre su hombro un beso suave, suspirando.
-Ya sé que te gustan las estrellas...-Musita más bien para si, observándolas junto a ella, viendo alguna que se mueve a la velocidad de la luz y como su llama se apaga al final del trayecto en el cielo. La verdad que las estrellas estaban muy bonitas esa noche, parecía que la gran tormenta había calmado de momento y que reinaba la calma. Intenta no reír cuando esta se acurruca de tal manera en él, como un gatito buscando calor humano, abrazándola y hablando en un tono bajito, en susurros:
- ¿A que no sabes qué? -Dice, depositando varios besos en su mejilla, uno tras otro, cariñoso, pretendiendo ser empalagoso, así que sigue dándole besos, divertido.
Se le escapa una risita al sentir sus besos y un ruidito que parece mas bien un ronroneo, el cual hace varias veces para luego callar, alzar la vista y mirarle un momento, parpadeando ligeramente. No sabia cuanto tiempo llevaban alli dentro, solo que el viaje duraba unas 9 horas, cosa que sería eterna para una persona que viajara sola, pero ella estaba con él y...con él parecia pasar el tiempo volando. Mira unos segundos a la ventanilla, arrugando la nariz, viendo una pequeña estrella fugaz recorrer el firmamento para luego evaporarse, desapareciendo, lo que le hace suspirar y volver a mirar a Zénobe, el cual aun no habia hablado. Se echa hacia arriba, dando en su nariz un pequeño toque con la propia, depositando sobre esta luego un beso, riendo entre dientes, bajito, negando para si.
Arruga la nariz ante lo que hizo, imitándola, pues ella suele hacer ese gesto con mucha frecuencia, riendo por ello, pero calma la risa al darse cuenta de que siguen en el avión, acercándose a su oreja para susurrar como si fuese un secreto:
- Te quiero. -Dice, teniéndola cerca, por lo que saca una manta de viaje del avión, que había frente a ellos en una pequeña red, extendiéndola, arropando a ambos con esos, como si fuesen dos viejetes, tapándose hasta debajo de los ojos, hablando en un tono divertido- ¿No me das más que esos besos? Pues ahora me tapo con el burka este. -Refunfuña, intentando no reírse.
Su sonrisa se agrandó cuando escuchó lo que le dijo Zénobe, mirándole de reojo, frunciendo ligeramente los labios antes de reír bajito, negando para si. Pasa ambas manos por su espalda, atrayéndolo más hacia si si es que es posible, acurrucándolo como si se tratara de un niño pequeño, comenzando a mover las manos por encima de su camiseta en una suave caricia, dando varios besos sobre su nuca, para luego bajar a su frente, sonriendo. Con la nariz perfila la de él, bajando hasta su mejilla y luego a su barbilla, susurrando mientras clavaba la vista en sus ojos azulados, perdiéndose en estos un momento, susurrando:
- Yo también te quiero, y eres un bobo..-Ríe entre dientes nuevamente, llenando su mejilla de besos suaves, dejando los labios allí posados..."
- Veamos... -Dice, abriendo el panfleto y desplegándolo para ver al detalle todo lo que hay en él, sintiendo él también como despegan- A mí el lugar me da igual, me importa la compañía.
Ella le mira de reojo, sonriendo de medio lado al escucharle, sintiéndose ya en el aire debido a que el avión subía cada vez más, alcanzando por completo su altitud. No se había dado cuenta de que aún sujetaba su mano, acariciando ahora su piel con las yemas de los dedos, susurrando:
- Y pensar que no querías que viniera contigo..-Dibuja una pequeña mueca antes de recostarse en el asiento, posando la cabeza sobre el hombro de Zénobe, susurrando- Te prometí una vez que no te dejaría solo, ¿recuerdas?...-Entrecierra los ojos, sintiendo algo molesto, mirando el brazo de plástico que los separaba. Lo retira, acurrucándose luego en él, dejando escapar un suspiro al tiempo que volvia a susurrar- Pensé que no volverías..
Le pasa el brazo por lo hombros, atrayéndola a él cuando aparta el molesto posa brazos de plástico entre ambos, besando su sien sonoramente y acurrucándola para que esté a gusto, sonriendo con levedad, mientras mira por la ventana del avión. Las estrellas que hay en ese momento de la noche, pues en los aviones se ven estrellas fugaces recorriendo el cielo cada dos por tres, murmurando en bajo, ya que hay gente durmiendo en el trayecto, pues llevan unas horitas ya:
-Porque no quiero que te pase nada... -Vuelve a besarla, esta vez en la mejilla, haciéndole mimos, pues está algo mimoso- ¿Has visto que bien se ven las estrellas?
Bajó una de sus manos hasta desabrocharse el cinturón, frunciendo ligeramente los labios al sentir su beso, cerrando los ojos con cierta fuerza, respirando hondo, tranquila. Una sonrisa aflora en sus labios cuando vuelve a besarla y abre los ojos, volviendo la vista a la ventanilla, alzando ambas cejas al ver las estrellas. Su sonrisa se amplía, arrugando ella la nariz con rapidez, susurrando:
- Son hermosas. Me encantan las estrellas. -Luego vuelve la vista al chico, sin dejar de sonreír, acurrucándose en él como si fuera una niña pequeña, escondiendo la cabeza en el hueco de su cuello, dando luego sobre su hombro un beso suave, suspirando.
-Ya sé que te gustan las estrellas...-Musita más bien para si, observándolas junto a ella, viendo alguna que se mueve a la velocidad de la luz y como su llama se apaga al final del trayecto en el cielo. La verdad que las estrellas estaban muy bonitas esa noche, parecía que la gran tormenta había calmado de momento y que reinaba la calma. Intenta no reír cuando esta se acurruca de tal manera en él, como un gatito buscando calor humano, abrazándola y hablando en un tono bajito, en susurros:
- ¿A que no sabes qué? -Dice, depositando varios besos en su mejilla, uno tras otro, cariñoso, pretendiendo ser empalagoso, así que sigue dándole besos, divertido.
Se le escapa una risita al sentir sus besos y un ruidito que parece mas bien un ronroneo, el cual hace varias veces para luego callar, alzar la vista y mirarle un momento, parpadeando ligeramente. No sabia cuanto tiempo llevaban alli dentro, solo que el viaje duraba unas 9 horas, cosa que sería eterna para una persona que viajara sola, pero ella estaba con él y...con él parecia pasar el tiempo volando. Mira unos segundos a la ventanilla, arrugando la nariz, viendo una pequeña estrella fugaz recorrer el firmamento para luego evaporarse, desapareciendo, lo que le hace suspirar y volver a mirar a Zénobe, el cual aun no habia hablado. Se echa hacia arriba, dando en su nariz un pequeño toque con la propia, depositando sobre esta luego un beso, riendo entre dientes, bajito, negando para si.
Arruga la nariz ante lo que hizo, imitándola, pues ella suele hacer ese gesto con mucha frecuencia, riendo por ello, pero calma la risa al darse cuenta de que siguen en el avión, acercándose a su oreja para susurrar como si fuese un secreto:
- Te quiero. -Dice, teniéndola cerca, por lo que saca una manta de viaje del avión, que había frente a ellos en una pequeña red, extendiéndola, arropando a ambos con esos, como si fuesen dos viejetes, tapándose hasta debajo de los ojos, hablando en un tono divertido- ¿No me das más que esos besos? Pues ahora me tapo con el burka este. -Refunfuña, intentando no reírse.
Su sonrisa se agrandó cuando escuchó lo que le dijo Zénobe, mirándole de reojo, frunciendo ligeramente los labios antes de reír bajito, negando para si. Pasa ambas manos por su espalda, atrayéndolo más hacia si si es que es posible, acurrucándolo como si se tratara de un niño pequeño, comenzando a mover las manos por encima de su camiseta en una suave caricia, dando varios besos sobre su nuca, para luego bajar a su frente, sonriendo. Con la nariz perfila la de él, bajando hasta su mejilla y luego a su barbilla, susurrando mientras clavaba la vista en sus ojos azulados, perdiéndose en estos un momento, susurrando:
- Yo también te quiero, y eres un bobo..-Ríe entre dientes nuevamente, llenando su mejilla de besos suaves, dejando los labios allí posados..."
La historia continúa.
Zénobe llevaba sin aparecer desde hace un tiempo, no dio ni señales de vida en toda su ausencia. Parecía haber desaparecido por completo. Algo había ocurrido con él, no habría dejado a Annie nuevamente, después de haberle prometido que se quedaría con ella. Y lo sucedido ni él mismo podía contarlo. No por discrección ni alto secreto, sino por que había perdido algunos fragmentos de su memoria. Tan solo perduraba el recuerdo de volver al Cielo, y encontrarse allí con la noticia de que alguien había sido enviado para matar a Annie, al no poder consentirlo, engañó a aquel Dios para dar su vida a cambio. Finalmente, consiguió salir vivo, pero con daños... Se acordaba de ella, sí, Annie, su pequeña......
Aquella noche una tormenta veraniega daba la cara ante la cuidad, lloviendo, tronando y con todo tipo de situaciones meteorológicas. No se debía a un cambio climático, sino a lo que sucedía más allá de las nubes. Dioses enfadados al enterarse de que Zénobe Yves, un avispado ángel, no había sido sacrificado, ahora, en busca y captura. Y calló nuevamente del cielo, con destino a uno de los bosques cercanos.
Abrió los ojos con dificultad, la lluvía complicaba cada una de sus acciones, estaba aturdido, desorientado, asustado y preocupado. Había dejado a Annie sola durante mucho tiempo y nisiquiera sabía donde él mismo se encontraba. Tumbado en el suelo, con las alas desplegadas, posadas y empapándose de la fuerte lluvia, se mezclaban entre lágrimas de ira y desprecio ante sí mismo. Con alguna que otra herida, y cortes de gravedad por las costillas, intentaba moverse o arrastrarse por el suelo. Entonces, recurrió a su última esperanza, aún sabiendo que estaba mal, cerró los ojos y quiso meterse en la mente de Annie, murmurando para que le oyese, andara donde andara...
"Annie... Annie..."
La muchacha no había sabido nada de su ángel guardián desde hacía meses. No sabía como tomárselo. ¿Había vuelto a abandonarla? ¿No iba a cumplir su promesa? Prefería no pensar en ello, no pensar en aquel muchacho que tenía el mismo tono en los ojos que ella. Era la primera persona que habia visto con los ojos azules celestes.
Se encontraba dormida plácidamente sobre el colchón de la mansión Massey, la cual se encontraba a las afueras de la ciudad. Su respiración era pausada, tranquila y en su cabeza no había nada. Ni luz, ni oscuridad. Era todo neutro. Ni sueños ni pesadillas. Las sábanas se arremolinaban a su lado. Las ventanas estaban cerradas y todo se encontraba en absoluto silencio. Annie no escuchaba siquiera el sonido provocado por los truenos en el exterior, los cuales hacían estremecer toda la casa, ni la lluvia contra la ventana, ni del viento enfadado moviendo los árboles de un lado a otro como si fueran juguetes. No podía hacer nada más que dormir. Frunció el entrecejo cuando el sonido de una voz extrañamente familiar sonó en su mente. Susurraba su nombre, pero sonaba lejano, lejos de su alcance...Ella sabía quién era. Era él. Él. Zénobe, su ángel guardián.
Cuando la voz del chico susurró en su mente ella abrió los ojos de golpe, como platos, levantándose de un salto. Las ventanas se abrieron al mismo tiempo y la lluvia la empapó. Tenía que ir a buscarle. Por primera vez sería ella quien le encontrara a él. Sus ojos azules se cerraron y ella se concentró en cada uno de los recuerdos.. La mano de Zénobe en la suya, el tacto de sus alas en las yemas de los dedos, el roce de sus labios..Y entonces desapareció, apareciendo en el sitio donde se encontraba Zénobe, de pie, totalmente empapada. Si él pudiera verle la espalda se daría cuenta de que las alas que ella habia tenido una vez dejaban su rastro en aquel tatuaje que recorría su piel. Abre los ojos y al verle se le cae el alma a los pies, echando a correr hasta lanzarse a su lado, rodeandole con los brazos, susurrando:
-Zénobe...
Las alas mojadas triplicaban aun más su peso, con toda la ropa mojada entre la lluvia y roja sangre por castigos y maltratos a los que fue sometido, los labios perlados de pequeñas gotas de agua. Vuelve a abrir los ojos al notar su presencia tan cerca, era ella. Quería abrazarla, besarla, tenerla cerca...Pero le era imposible moverse, lo intentó y se estremeció del dolor de sus músculos, bastante más marcados que la anterior vez. Musitaba en un tono de voz débil y sin apenas fuerzas, necesitaba reposar y dormir durante un tiempo, no era capaz de auto curarse a si mismo por falta de energía:
- Annie... Sácame de aqui por favor... -Le temblaba la voz, no quería permanecer en aquel lugar, ya que sabía que le buscarían ahi primero al ser el lugar donde cayó tras permanecer en el Cielo, como volviesen a encontrarse con él tendría muchas deudas que pagar con sangre y tampoco podía volver a su casa ya era un lugar demasiado fácil para que le encontrasen. Los párpados se le cerraban, evitando que gotas de agua le cayesen en los ojos, tristes, y con apenas brillo en el color que con ella compartía.
El olor de la sangre de Zénobe llegó hasta ella, haciendo que su garganta se secara. No podía dejarle allí, tenia que llevárselo, curarlo. Tenia que ponerlo a salvo, era lo único en lo que podía pensar. A pesar de su peso, Annie lo tomó en sus brazos y lo abrazó con fuerza, posando por un momento sus labios sobre los del chico, susurrando, sin besar:
-Voy a llevarte a casa..Vas a estar bien. Te lo prometo.
Y tras decir esto ambos desaparecen, apareciendo en la habitación de Annie, en la mansión. Ella lo tumba sobre la cama y se sienta a su lado, haciendo que las ventanas se cerraran suavemente y entonces posa una de sus manos en el cuello del chico, dejando que toda su energía pasara a él. Poco a poco cada herida fue curando, cada moraton desapareció, llenándole de magia, retirando el cansancio y todo aquello que le debilitaba. Annie jadeó, cansada, mirando a Tonca, la cual por arte de magia habia traído unas bolsas. Bolsas de sangre. Se baja de un salto, abriendo la bolsa con rápidez, bebiendo de ella como si fuera una bebida energética. Luego vuelve a subir. Sus ojos eran bicolores, mostrandose negros y rojos. Era su parte oscura. Volvió a posar los dedos sobre su cuello, pasándole toda su energía y pasados unos minutos Zènobe se encontraba como nuevo y Annie le miraba, ahora con sus ojos azulados y la respiracion entrecortada por el esfuerzo.
Se sentía tan débil por tener que haber recurrido a ella para que le sacase de aquel lugar... Se suponía que él debía cuidar de ella y aunque lo hizo, las circunstancias para él fueron casi letales. Al volver a abrir los ojos se encontraba en aquella habitación, la de Annie. Intentó retirar las alas o por lo menos encogerlas un poco, pero no tuvo éxito alguno, pues el dolor que sentía por dentro le distraía de todo acto que quisiese hacer. Se dejó curar por ella sin rechistar, sintiendo como su cuerpo se regeneraba nuevamente, hasta quedar casi como nuevo, físicamente. Entonces guardó las alas en el interior de su espalda, sintiendo como la columna vertebral le crujía ante cada movimiento, recolocándose. Deteniéndose a mirar como se deleitaba con el sabor de la sangre, evitando hacer comentario alguno sobre ello, hacía tiempo que no sabía de su situación y era por su culpa... Pero tampoco podía haberla dejado morir, porque al fin y al cabo dio la vida por ella. Cuando tuvo oportunidad de incorporarse un poco, tomó su rostro con las manos y se acercó tan sólo para posar sus frentes y aspirar su aroma con disimulo. La había echado tanto de menos... Dijo tan sólo, mientras rodeaba su cintura con el otro brazo:
- No hace falta que me digas que soy un desastre...
Le observó con detenimiento mientras parecía incorporarse, dándose cuenta de que las alas habían sido guardadas de nuevo. Ella estaba empapada, tanto su cabello como su ropa, pero no alarmada. Parecía haberse calmado. Él ahora estaba bien, estaba allí con ella, estaba a salvo. Aunque Annie no estaba segura de que en la mansión pudieran estar perfectamente. Ya pensaría la forma de ponerlo a salvo de cualquier amenaza existente. Cuando el muchacho apoyó sobre su frente la de ekka dejó escapar un suspiro, sintiendo su brazo rodear su cintura, por lo que cerró los ojos y elevó una de sus manos a su cuello, dejando que las yemas de los dedos recorrieran su piel hasta hundirse en su nuca, susurrando ella:
-No eres un desastre, Zénobe...
Estaba algo más tranquilo, respirando de forma silenciosa, manteniendo los ojos cerrados hasta que esta comienza a hablar y los abre tan solo para ver como sus labios se mueven dejando paso a las palabras. Quería explicárselo todo, pero no iba a hacerlo, se quedaría callado de tal secreto por no asustarla, no por lo sucedido a él, sino por lo que le hubiera pasado de no haber dado su vida por ella. Se quedó en silencio unos segundos,antes de hablar:
- Gracias... -Dice, tan solo. Se aparta entonces de ella, soltando su cintura con cuidado y levantándose con suma torpeza, parecía que los músculos le empezaban a responder, dejando la mirada apartada en un punto del suelo, susurra, por si no quería que nadie oyese la conversación:
- Tengo que irme Annie... Me están buscando...
Ante su agradecimiento Annie niega con rápidez, frunciendo los labios en una pequeña mueca al sentir su brazo deslizarse hasta soltarla, viéndolo levantarse, alejarse... Le había echado de menos, tanto... Suspiró, volviendo la vista hacia él cuando empieza a hablar y alza ambas cejas, alarmada. ¿Marcharse?¿A dónde? No, no podía estar diciéndolo enserio...Sacudió la cabeza, frunciendo el entrecejo, levantándose de la cama hasta quedar de pie. Annie no había cambiado en cuanto aspecto. Seguía teniendo la misma apariencia de muñeca de porcelana, el mismo brillo en sus ojos, el mismo negro azabache en su cabello...Apretó los puños, dirigiéndose al armario, retirando la camiseta que cubría su piel sin importarle realmente el que él pudiera verla. ¿Estaba de espaldas, no? En un momento se encontraba completamente vestida, sentada a su lado, en la ventana. Entonces, susurró:
-Si tú te vas, yo me voy contigo.
Sabía de antemano que esa idea no le haría ni pizca de gracia, pero no tenía otro remedio, sus acciones mostraban que estaba en contra, que no le dejaría marchar. Suspira, pues sabía que sería complicado hacerla cambiar de opinión:
- No voy a ponerte en peligro, así que tú no vienes... -Dice, siguiéndola con la mirada cuando va al armario, pero rápidamente desvía la vista aun que no pueda ver más que un precioso tatuaje en la espalda, fijándose en el suelo, en sus zapatos de piel envueltos en agua de lluvia, volviendo a mirarla cuando esta, se encuentra sentada en la ventana, una acción que solía hacer muy a menudo- Te vas a quedar aquí, vendré a verte si lo deseas. Pero tendré que comprar una casa nueva y empezar de cero, no tengo tiempo para explicártelo aquí todo...
Annie movió las piernas como si se tratara de una niña pequeña, poniendo los labios de tal forma que parecía que iba a silbar, frunciendo el entrecejo al escucharle. Toda expresión en su rostro desapareció, quedándose en silencio por un segundo. No le importaba correr riesgos. Susurra, suavemente:
-¿Una casa nueva? Bien, te ayudaré a elegirla. Dime, ¿donde la quieres? Te recomiendo un sitio alejado, ya sabes, donde los humanos no te invadan o no..espera, si no estan a tu alrededor podria ser mas fácil encontrarte..por lo que..¿Qué tal New York? Es enorme, ¿sabes?- No le habia mirado desde que se habia sentado. Mantuvo la vista en el suelo, negando despacio antes de volver a susurrar- No voy a dejarte marchar, Zénobe. No otra vez. Ya es suficiente. Iré contigo aunque no me dejes, aunque no lo entiendas, aunque no te entre en la cabeza. No puedes impedírmelo.
Se llevó la mano a la frente, frotándose esta con algo de desesperación cuando empezó a hablar de lugares, casas, cuidades y sitios relajantes. Sabía que su intención era buena, pero no podía llevarsela consigo, sería como entregarlos a ambos. Como si para ellos mataran a dos pájaros de un tiro. Dejó caer la mano, observándola al detalle, parecía que él tiempo no daba resultado en ella, tan perfecta como siempre, con esa piel sin ninguna imperfección, y esa melena de un liso estricto:
- Annie.. Annie... -Intentaba hacer que volviera en si, y dejase el juego de agencias inmoviliarias- Déjalo, por favor... Para mi también es difícil, ¿sabes?
-Ya te lo he dicho. Voy a ir contigo. Aunque no me veas. Aunque no me..dejes, ¡te seguiré! En silencio, en las sombras. Me guiaré por ti, por tus recuerdos, por tu olor... Te encontraré, Zénobe, así que no intentes dejarme atrás. Sé defenderme. No se lo que ocurre y por lo visto no tienes tiempo siquiera de respirar, vale, muy bien, no me lo cuentes. Pero no me niegues el querer ir contigo. Prometo no hablar, ni reír, ni hacer nada que pueda incomodarte. Prometo ser un cero a la izquierda, invisible. Lo prometo..-Y tras decir aquello suspiro largamente, cerrando los ojos con fuerza. Annie no solia perder la compostura, Annie no era Sarah. Pero si era cabezota, demasiado podria decirse y no iba a dejarle marchar. No solo.
Suspiró largamente tras escucharla, quedándose en silencio para pensárselo. Si la llevaba con él podría ser peligroso... Pero se volvería loco sin ella. Así que accedió a llevarla:
- Está bien... Vente conmigo si es lo que quieres, pero por favor, nada de subirse a los tejados, de escaparse, ni de llamar mucho la atención. Necesito dejar de ser un ángel durante un tiempo... -Deslizó la mano hasta su propia camiseta, rasgada por todos los lados, sacándose un hilo de esta, el cual se resistía salir, sonriendo con ligereza, evitando caer en la tentación de mirarla- Mira que eres cabezota, Massey.
Aquella noche una tormenta veraniega daba la cara ante la cuidad, lloviendo, tronando y con todo tipo de situaciones meteorológicas. No se debía a un cambio climático, sino a lo que sucedía más allá de las nubes. Dioses enfadados al enterarse de que Zénobe Yves, un avispado ángel, no había sido sacrificado, ahora, en busca y captura. Y calló nuevamente del cielo, con destino a uno de los bosques cercanos.
Abrió los ojos con dificultad, la lluvía complicaba cada una de sus acciones, estaba aturdido, desorientado, asustado y preocupado. Había dejado a Annie sola durante mucho tiempo y nisiquiera sabía donde él mismo se encontraba. Tumbado en el suelo, con las alas desplegadas, posadas y empapándose de la fuerte lluvia, se mezclaban entre lágrimas de ira y desprecio ante sí mismo. Con alguna que otra herida, y cortes de gravedad por las costillas, intentaba moverse o arrastrarse por el suelo. Entonces, recurrió a su última esperanza, aún sabiendo que estaba mal, cerró los ojos y quiso meterse en la mente de Annie, murmurando para que le oyese, andara donde andara...
"Annie... Annie..."
La muchacha no había sabido nada de su ángel guardián desde hacía meses. No sabía como tomárselo. ¿Había vuelto a abandonarla? ¿No iba a cumplir su promesa? Prefería no pensar en ello, no pensar en aquel muchacho que tenía el mismo tono en los ojos que ella. Era la primera persona que habia visto con los ojos azules celestes.
Se encontraba dormida plácidamente sobre el colchón de la mansión Massey, la cual se encontraba a las afueras de la ciudad. Su respiración era pausada, tranquila y en su cabeza no había nada. Ni luz, ni oscuridad. Era todo neutro. Ni sueños ni pesadillas. Las sábanas se arremolinaban a su lado. Las ventanas estaban cerradas y todo se encontraba en absoluto silencio. Annie no escuchaba siquiera el sonido provocado por los truenos en el exterior, los cuales hacían estremecer toda la casa, ni la lluvia contra la ventana, ni del viento enfadado moviendo los árboles de un lado a otro como si fueran juguetes. No podía hacer nada más que dormir. Frunció el entrecejo cuando el sonido de una voz extrañamente familiar sonó en su mente. Susurraba su nombre, pero sonaba lejano, lejos de su alcance...Ella sabía quién era. Era él. Él. Zénobe, su ángel guardián.
Cuando la voz del chico susurró en su mente ella abrió los ojos de golpe, como platos, levantándose de un salto. Las ventanas se abrieron al mismo tiempo y la lluvia la empapó. Tenía que ir a buscarle. Por primera vez sería ella quien le encontrara a él. Sus ojos azules se cerraron y ella se concentró en cada uno de los recuerdos.. La mano de Zénobe en la suya, el tacto de sus alas en las yemas de los dedos, el roce de sus labios..Y entonces desapareció, apareciendo en el sitio donde se encontraba Zénobe, de pie, totalmente empapada. Si él pudiera verle la espalda se daría cuenta de que las alas que ella habia tenido una vez dejaban su rastro en aquel tatuaje que recorría su piel. Abre los ojos y al verle se le cae el alma a los pies, echando a correr hasta lanzarse a su lado, rodeandole con los brazos, susurrando:
-Zénobe...
Las alas mojadas triplicaban aun más su peso, con toda la ropa mojada entre la lluvia y roja sangre por castigos y maltratos a los que fue sometido, los labios perlados de pequeñas gotas de agua. Vuelve a abrir los ojos al notar su presencia tan cerca, era ella. Quería abrazarla, besarla, tenerla cerca...Pero le era imposible moverse, lo intentó y se estremeció del dolor de sus músculos, bastante más marcados que la anterior vez. Musitaba en un tono de voz débil y sin apenas fuerzas, necesitaba reposar y dormir durante un tiempo, no era capaz de auto curarse a si mismo por falta de energía:
- Annie... Sácame de aqui por favor... -Le temblaba la voz, no quería permanecer en aquel lugar, ya que sabía que le buscarían ahi primero al ser el lugar donde cayó tras permanecer en el Cielo, como volviesen a encontrarse con él tendría muchas deudas que pagar con sangre y tampoco podía volver a su casa ya era un lugar demasiado fácil para que le encontrasen. Los párpados se le cerraban, evitando que gotas de agua le cayesen en los ojos, tristes, y con apenas brillo en el color que con ella compartía.
El olor de la sangre de Zénobe llegó hasta ella, haciendo que su garganta se secara. No podía dejarle allí, tenia que llevárselo, curarlo. Tenia que ponerlo a salvo, era lo único en lo que podía pensar. A pesar de su peso, Annie lo tomó en sus brazos y lo abrazó con fuerza, posando por un momento sus labios sobre los del chico, susurrando, sin besar:
-Voy a llevarte a casa..Vas a estar bien. Te lo prometo.
Y tras decir esto ambos desaparecen, apareciendo en la habitación de Annie, en la mansión. Ella lo tumba sobre la cama y se sienta a su lado, haciendo que las ventanas se cerraran suavemente y entonces posa una de sus manos en el cuello del chico, dejando que toda su energía pasara a él. Poco a poco cada herida fue curando, cada moraton desapareció, llenándole de magia, retirando el cansancio y todo aquello que le debilitaba. Annie jadeó, cansada, mirando a Tonca, la cual por arte de magia habia traído unas bolsas. Bolsas de sangre. Se baja de un salto, abriendo la bolsa con rápidez, bebiendo de ella como si fuera una bebida energética. Luego vuelve a subir. Sus ojos eran bicolores, mostrandose negros y rojos. Era su parte oscura. Volvió a posar los dedos sobre su cuello, pasándole toda su energía y pasados unos minutos Zènobe se encontraba como nuevo y Annie le miraba, ahora con sus ojos azulados y la respiracion entrecortada por el esfuerzo.
Se sentía tan débil por tener que haber recurrido a ella para que le sacase de aquel lugar... Se suponía que él debía cuidar de ella y aunque lo hizo, las circunstancias para él fueron casi letales. Al volver a abrir los ojos se encontraba en aquella habitación, la de Annie. Intentó retirar las alas o por lo menos encogerlas un poco, pero no tuvo éxito alguno, pues el dolor que sentía por dentro le distraía de todo acto que quisiese hacer. Se dejó curar por ella sin rechistar, sintiendo como su cuerpo se regeneraba nuevamente, hasta quedar casi como nuevo, físicamente. Entonces guardó las alas en el interior de su espalda, sintiendo como la columna vertebral le crujía ante cada movimiento, recolocándose. Deteniéndose a mirar como se deleitaba con el sabor de la sangre, evitando hacer comentario alguno sobre ello, hacía tiempo que no sabía de su situación y era por su culpa... Pero tampoco podía haberla dejado morir, porque al fin y al cabo dio la vida por ella. Cuando tuvo oportunidad de incorporarse un poco, tomó su rostro con las manos y se acercó tan sólo para posar sus frentes y aspirar su aroma con disimulo. La había echado tanto de menos... Dijo tan sólo, mientras rodeaba su cintura con el otro brazo:
- No hace falta que me digas que soy un desastre...
Le observó con detenimiento mientras parecía incorporarse, dándose cuenta de que las alas habían sido guardadas de nuevo. Ella estaba empapada, tanto su cabello como su ropa, pero no alarmada. Parecía haberse calmado. Él ahora estaba bien, estaba allí con ella, estaba a salvo. Aunque Annie no estaba segura de que en la mansión pudieran estar perfectamente. Ya pensaría la forma de ponerlo a salvo de cualquier amenaza existente. Cuando el muchacho apoyó sobre su frente la de ekka dejó escapar un suspiro, sintiendo su brazo rodear su cintura, por lo que cerró los ojos y elevó una de sus manos a su cuello, dejando que las yemas de los dedos recorrieran su piel hasta hundirse en su nuca, susurrando ella:
-No eres un desastre, Zénobe...
Estaba algo más tranquilo, respirando de forma silenciosa, manteniendo los ojos cerrados hasta que esta comienza a hablar y los abre tan solo para ver como sus labios se mueven dejando paso a las palabras. Quería explicárselo todo, pero no iba a hacerlo, se quedaría callado de tal secreto por no asustarla, no por lo sucedido a él, sino por lo que le hubiera pasado de no haber dado su vida por ella. Se quedó en silencio unos segundos,antes de hablar:
- Gracias... -Dice, tan solo. Se aparta entonces de ella, soltando su cintura con cuidado y levantándose con suma torpeza, parecía que los músculos le empezaban a responder, dejando la mirada apartada en un punto del suelo, susurra, por si no quería que nadie oyese la conversación:
- Tengo que irme Annie... Me están buscando...
Ante su agradecimiento Annie niega con rápidez, frunciendo los labios en una pequeña mueca al sentir su brazo deslizarse hasta soltarla, viéndolo levantarse, alejarse... Le había echado de menos, tanto... Suspiró, volviendo la vista hacia él cuando empieza a hablar y alza ambas cejas, alarmada. ¿Marcharse?¿A dónde? No, no podía estar diciéndolo enserio...Sacudió la cabeza, frunciendo el entrecejo, levantándose de la cama hasta quedar de pie. Annie no había cambiado en cuanto aspecto. Seguía teniendo la misma apariencia de muñeca de porcelana, el mismo brillo en sus ojos, el mismo negro azabache en su cabello...Apretó los puños, dirigiéndose al armario, retirando la camiseta que cubría su piel sin importarle realmente el que él pudiera verla. ¿Estaba de espaldas, no? En un momento se encontraba completamente vestida, sentada a su lado, en la ventana. Entonces, susurró:
-Si tú te vas, yo me voy contigo.
Sabía de antemano que esa idea no le haría ni pizca de gracia, pero no tenía otro remedio, sus acciones mostraban que estaba en contra, que no le dejaría marchar. Suspira, pues sabía que sería complicado hacerla cambiar de opinión:
- No voy a ponerte en peligro, así que tú no vienes... -Dice, siguiéndola con la mirada cuando va al armario, pero rápidamente desvía la vista aun que no pueda ver más que un precioso tatuaje en la espalda, fijándose en el suelo, en sus zapatos de piel envueltos en agua de lluvia, volviendo a mirarla cuando esta, se encuentra sentada en la ventana, una acción que solía hacer muy a menudo- Te vas a quedar aquí, vendré a verte si lo deseas. Pero tendré que comprar una casa nueva y empezar de cero, no tengo tiempo para explicártelo aquí todo...
Annie movió las piernas como si se tratara de una niña pequeña, poniendo los labios de tal forma que parecía que iba a silbar, frunciendo el entrecejo al escucharle. Toda expresión en su rostro desapareció, quedándose en silencio por un segundo. No le importaba correr riesgos. Susurra, suavemente:
-¿Una casa nueva? Bien, te ayudaré a elegirla. Dime, ¿donde la quieres? Te recomiendo un sitio alejado, ya sabes, donde los humanos no te invadan o no..espera, si no estan a tu alrededor podria ser mas fácil encontrarte..por lo que..¿Qué tal New York? Es enorme, ¿sabes?- No le habia mirado desde que se habia sentado. Mantuvo la vista en el suelo, negando despacio antes de volver a susurrar- No voy a dejarte marchar, Zénobe. No otra vez. Ya es suficiente. Iré contigo aunque no me dejes, aunque no lo entiendas, aunque no te entre en la cabeza. No puedes impedírmelo.
Se llevó la mano a la frente, frotándose esta con algo de desesperación cuando empezó a hablar de lugares, casas, cuidades y sitios relajantes. Sabía que su intención era buena, pero no podía llevarsela consigo, sería como entregarlos a ambos. Como si para ellos mataran a dos pájaros de un tiro. Dejó caer la mano, observándola al detalle, parecía que él tiempo no daba resultado en ella, tan perfecta como siempre, con esa piel sin ninguna imperfección, y esa melena de un liso estricto:
- Annie.. Annie... -Intentaba hacer que volviera en si, y dejase el juego de agencias inmoviliarias- Déjalo, por favor... Para mi también es difícil, ¿sabes?
-Ya te lo he dicho. Voy a ir contigo. Aunque no me veas. Aunque no me..dejes, ¡te seguiré! En silencio, en las sombras. Me guiaré por ti, por tus recuerdos, por tu olor... Te encontraré, Zénobe, así que no intentes dejarme atrás. Sé defenderme. No se lo que ocurre y por lo visto no tienes tiempo siquiera de respirar, vale, muy bien, no me lo cuentes. Pero no me niegues el querer ir contigo. Prometo no hablar, ni reír, ni hacer nada que pueda incomodarte. Prometo ser un cero a la izquierda, invisible. Lo prometo..-Y tras decir aquello suspiro largamente, cerrando los ojos con fuerza. Annie no solia perder la compostura, Annie no era Sarah. Pero si era cabezota, demasiado podria decirse y no iba a dejarle marchar. No solo.
Suspiró largamente tras escucharla, quedándose en silencio para pensárselo. Si la llevaba con él podría ser peligroso... Pero se volvería loco sin ella. Así que accedió a llevarla:
- Está bien... Vente conmigo si es lo que quieres, pero por favor, nada de subirse a los tejados, de escaparse, ni de llamar mucho la atención. Necesito dejar de ser un ángel durante un tiempo... -Deslizó la mano hasta su propia camiseta, rasgada por todos los lados, sacándose un hilo de esta, el cual se resistía salir, sonriendo con ligereza, evitando caer en la tentación de mirarla- Mira que eres cabezota, Massey.
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