Puede que no sea cierto, pero quiero creérmelo. Quizá es porque lo necesite o quizá tan solo es para sentirme mejor. No lo sé, simplemente tengo algo que decir. Te quiero.

martes, 1 de noviembre de 2011

La historia continúa.

Zénobe llevaba sin aparecer desde hace un tiempo, no dio ni señales de vida en toda su ausencia. Parecía haber desaparecido por completo. Algo había ocurrido con él, no habría dejado a Annie nuevamente, después de haberle prometido que se quedaría con ella. Y lo sucedido ni él mismo podía contarlo. No por discrección ni alto secreto, sino por que había perdido algunos fragmentos de su memoria. Tan solo perduraba el recuerdo de volver al Cielo, y encontrarse allí con la noticia de que alguien había sido enviado para matar a Annie, al no poder consentirlo, engañó a aquel Dios para dar su vida a cambio. Finalmente, consiguió salir vivo, pero con daños... Se acordaba de ella, sí, Annie, su pequeña......
Aquella noche una tormenta veraniega daba la cara ante la cuidad, lloviendo, tronando y con todo tipo de situaciones meteorológicas. No se debía a un cambio climático, sino a lo que sucedía más allá de las nubes. Dioses enfadados al enterarse de que Zénobe Yves, un avispado ángel, no había sido sacrificado, ahora, en busca y captura. Y calló nuevamente del cielo, con destino a uno de los bosques cercanos.
Abrió los ojos con dificultad, la lluvía complicaba cada una de sus acciones, estaba aturdido, desorientado, asustado y preocupado. Había dejado a Annie sola durante mucho tiempo y nisiquiera sabía donde él mismo se encontraba. Tumbado en el suelo, con las alas desplegadas, posadas y empapándose de la fuerte lluvia, se mezclaban entre lágrimas de ira y desprecio ante sí mismo. Con alguna que otra herida, y cortes de gravedad por las costillas, intentaba moverse o arrastrarse por el suelo. Entonces, recurrió a su última esperanza, aún sabiendo que estaba mal, cerró los ojos y quiso meterse en la mente de Annie, murmurando para que le oyese, andara donde andara...
"Annie... Annie..."

La muchacha no había sabido nada de su ángel guardián desde hacía meses. No sabía como tomárselo. ¿Había vuelto a abandonarla? ¿No iba a cumplir su promesa? Prefería no pensar en ello, no pensar en aquel muchacho que tenía el mismo tono en los ojos que ella. Era la primera persona que habia visto con los ojos azules celestes.
Se encontraba dormida plácidamente sobre el colchón de la mansión Massey, la cual se encontraba a las afueras de la ciudad. Su respiración era pausada, tranquila y en su cabeza no había nada. Ni luz, ni oscuridad. Era todo neutro. Ni sueños ni pesadillas. Las sábanas se arremolinaban a su lado. Las ventanas estaban cerradas y todo se encontraba en absoluto silencio. Annie no escuchaba siquiera el sonido provocado por los truenos en el exterior, los cuales hacían estremecer toda la casa, ni la lluvia contra la ventana, ni del viento enfadado moviendo los árboles de un lado a otro como si fueran juguetes. No podía hacer nada más que dormir. Frunció el entrecejo cuando el sonido de una voz extrañamente familiar sonó en su mente. Susurraba su nombre, pero sonaba lejano, lejos de su alcance...Ella sabía quién era. Era él. Él. Zénobe, su ángel guardián.
Cuando la voz del chico susurró en su mente ella abrió los ojos de golpe, como platos, levantándose de un salto. Las ventanas se abrieron al mismo tiempo y la lluvia la empapó. Tenía que ir a buscarle. Por primera vez sería ella quien le encontrara a él. Sus ojos azules se cerraron y ella se concentró en cada uno de los recuerdos.. La mano de Zénobe en la suya, el tacto de sus alas en las yemas de los dedos, el roce de sus labios..Y entonces desapareció, apareciendo en el sitio donde se encontraba Zénobe, de pie, totalmente empapada. Si él pudiera verle la espalda se daría cuenta de que las alas que ella habia tenido una vez dejaban su rastro en aquel tatuaje que recorría su piel. Abre los ojos y al verle se le cae el alma a los pies, echando a correr hasta lanzarse a su lado, rodeandole con los brazos, susurrando:
-Zénobe...
Las alas mojadas triplicaban aun más su peso, con toda la ropa mojada entre la lluvia y roja sangre por castigos y maltratos a los que fue sometido, los labios perlados de pequeñas gotas de agua. Vuelve a abrir los ojos al notar su presencia tan cerca, era ella. Quería abrazarla, besarla, tenerla cerca...Pero le era imposible moverse, lo intentó y se estremeció del dolor de sus músculos, bastante más marcados que la anterior vez. Musitaba en un tono de voz débil y sin apenas fuerzas, necesitaba reposar y dormir durante un tiempo, no era capaz de auto curarse a si mismo por falta de energía:
- Annie... Sácame de aqui por favor... -Le temblaba la voz, no quería permanecer en aquel lugar, ya que sabía que le buscarían ahi primero al ser el lugar donde cayó tras permanecer en el Cielo, como volviesen a encontrarse con él tendría muchas deudas que pagar con sangre y tampoco podía volver a su casa ya era un lugar demasiado fácil para que le encontrasen. Los párpados se le cerraban, evitando que gotas de agua le cayesen en los ojos, tristes, y con apenas brillo en el color que con ella compartía.
El olor de la sangre de Zénobe llegó hasta ella, haciendo que su garganta se secara. No podía dejarle allí, tenia que llevárselo, curarlo. Tenia que ponerlo a salvo, era lo único en lo que podía pensar. A pesar de su peso, Annie lo tomó en sus brazos y lo abrazó con fuerza, posando por un momento sus labios sobre los del chico, susurrando, sin besar:
-Voy a llevarte a casa..Vas a estar bien. Te lo prometo.
Y tras decir esto ambos desaparecen, apareciendo en la habitación de Annie, en la mansión. Ella lo tumba sobre la cama y se sienta a su lado, haciendo que las ventanas se cerraran suavemente y entonces posa una de sus manos en el cuello del chico, dejando que toda su energía pasara a él. Poco a poco cada herida fue curando, cada moraton desapareció, llenándole de magia, retirando el cansancio y todo aquello que le debilitaba. Annie jadeó, cansada, mirando a Tonca, la cual por arte de magia habia traído unas bolsas. Bolsas de sangre. Se baja de un salto, abriendo la bolsa con rápidez, bebiendo de ella como si fuera una bebida energética. Luego vuelve a subir. Sus ojos eran bicolores, mostrandose negros y rojos. Era su parte oscura. Volvió a posar los dedos sobre su cuello, pasándole toda su energía y pasados unos minutos Zènobe se encontraba como nuevo y Annie le miraba, ahora con sus ojos azulados y la respiracion entrecortada por el esfuerzo.
Se sentía tan débil por tener que haber recurrido a ella para que le sacase de aquel lugar... Se suponía que él debía cuidar de ella y aunque lo hizo, las circunstancias para él fueron casi letales. Al volver a abrir los ojos se encontraba en aquella habitación, la de Annie. Intentó retirar las alas o por lo menos encogerlas un poco, pero no tuvo éxito alguno, pues el dolor que sentía por dentro le distraía de todo acto que quisiese hacer. Se dejó curar por ella sin rechistar, sintiendo como su cuerpo se regeneraba nuevamente, hasta quedar casi como nuevo, físicamente. Entonces guardó las alas en el interior de su espalda, sintiendo como la columna vertebral le crujía ante cada movimiento, recolocándose. Deteniéndose a mirar como se deleitaba con el sabor de la sangre, evitando hacer comentario alguno sobre ello, hacía tiempo que no sabía de su situación y era por su culpa... Pero tampoco podía haberla dejado morir, porque al fin y al cabo dio la vida por ella. Cuando tuvo oportunidad de incorporarse un poco, tomó su rostro con las manos y se acercó tan sólo para posar sus frentes y aspirar su aroma con disimulo. La había echado tanto de menos... Dijo tan sólo, mientras rodeaba su cintura con el otro brazo:
- No hace falta que me digas que soy un desastre...
Le observó con detenimiento mientras parecía incorporarse, dándose cuenta de que las alas habían sido guardadas de nuevo. Ella estaba empapada, tanto su cabello como su ropa, pero no alarmada. Parecía haberse calmado. Él ahora estaba bien, estaba allí con ella, estaba a salvo. Aunque Annie no estaba segura de que en la mansión pudieran estar perfectamente. Ya pensaría la forma de ponerlo a salvo de cualquier amenaza existente. Cuando el muchacho apoyó sobre su frente la de ekka dejó escapar un suspiro, sintiendo su brazo rodear su cintura, por lo que cerró los ojos y elevó una de sus manos a su cuello, dejando que las yemas de los dedos recorrieran su piel hasta hundirse en su nuca, susurrando ella:
-No eres un desastre, Zénobe...
Estaba algo más tranquilo, respirando de forma silenciosa, manteniendo los ojos cerrados hasta que esta comienza a hablar y los abre tan solo para ver como sus labios se mueven dejando paso a las palabras. Quería explicárselo todo, pero no iba a hacerlo, se quedaría callado de tal secreto por no asustarla, no por lo sucedido a él, sino por lo que le hubiera pasado de no haber dado su vida por ella. Se quedó en silencio unos segundos,antes de hablar:
- Gracias... -Dice, tan solo. Se aparta entonces de ella, soltando su cintura con cuidado y levantándose con suma torpeza, parecía que los músculos le empezaban a responder, dejando la mirada apartada en un punto del suelo, susurra, por si no quería que nadie oyese la conversación:
- Tengo que irme Annie... Me están buscando...
Ante su agradecimiento Annie niega con rápidez, frunciendo los labios en una pequeña mueca al sentir su brazo deslizarse hasta soltarla, viéndolo levantarse, alejarse... Le había echado de menos, tanto... Suspiró, volviendo la vista hacia él cuando empieza a hablar y alza ambas cejas, alarmada. ¿Marcharse?¿A dónde? No, no podía estar diciéndolo enserio...Sacudió la cabeza, frunciendo el entrecejo, levantándose de la cama hasta quedar de pie. Annie no había cambiado en cuanto aspecto. Seguía teniendo la misma apariencia de muñeca de porcelana, el mismo brillo en sus ojos, el mismo negro azabache en su cabello...Apretó los puños, dirigiéndose al armario, retirando la camiseta que cubría su piel sin importarle realmente el que él pudiera verla. ¿Estaba de espaldas, no? En un momento se encontraba completamente vestida, sentada a su lado, en la ventana. Entonces, susurró:
-Si tú te vas, yo me voy contigo.
Sabía de antemano que esa idea no le haría ni pizca de gracia, pero no tenía otro remedio, sus acciones mostraban que estaba en contra, que no le dejaría marchar. Suspira, pues sabía que sería complicado hacerla cambiar de opinión:
- No voy a ponerte en peligro, así que tú no vienes... -Dice, siguiéndola con la mirada cuando va al armario, pero rápidamente desvía la vista aun que no pueda ver más que un precioso tatuaje en la espalda, fijándose en el suelo, en sus zapatos de piel envueltos en agua de lluvia, volviendo a mirarla cuando esta, se encuentra sentada en la ventana, una acción que solía hacer muy a menudo- Te vas a quedar aquí, vendré a verte si lo deseas. Pero tendré que comprar una casa nueva y empezar de cero, no tengo tiempo para explicártelo aquí todo...
Annie movió las piernas como si se tratara de una niña pequeña, poniendo los labios de tal forma que parecía que iba a silbar, frunciendo el entrecejo al escucharle. Toda expresión en su rostro desapareció, quedándose en silencio por un segundo. No le importaba correr riesgos. Susurra, suavemente:
-¿Una casa nueva? Bien, te ayudaré a elegirla. Dime, ¿donde la quieres? Te recomiendo un sitio alejado, ya sabes, donde los humanos no te invadan o no..espera, si no estan a tu alrededor podria ser mas fácil encontrarte..por lo que..¿Qué tal New York? Es enorme, ¿sabes?- No le habia mirado desde que se habia sentado. Mantuvo la vista en el suelo, negando despacio antes de volver a susurrar- No voy a dejarte marchar, Zénobe. No otra vez. Ya es suficiente. Iré contigo aunque no me dejes, aunque no lo entiendas, aunque no te entre en la cabeza. No puedes impedírmelo.
Se llevó la mano a la frente, frotándose esta con algo de desesperación cuando empezó a hablar de lugares, casas, cuidades y sitios relajantes. Sabía que su intención era buena, pero no podía llevarsela consigo, sería como entregarlos a ambos. Como si para ellos mataran a dos pájaros de un tiro. Dejó caer la mano, observándola al detalle, parecía que él tiempo no daba resultado en ella, tan perfecta como siempre, con esa piel sin ninguna imperfección, y esa melena de un liso estricto:
- Annie.. Annie... -Intentaba hacer que volviera en si, y dejase el juego de agencias inmoviliarias- Déjalo, por favor... Para mi también es difícil, ¿sabes?
-Ya te lo he dicho. Voy a ir contigo. Aunque no me veas. Aunque no me..dejes, ¡te seguiré! En silencio, en las sombras. Me guiaré por ti, por tus recuerdos, por tu olor... Te encontraré, Zénobe, así que no intentes dejarme atrás. Sé defenderme. No se lo que ocurre y por lo visto no tienes tiempo siquiera de respirar, vale, muy bien, no me lo cuentes. Pero no me niegues el querer ir contigo. Prometo no hablar, ni reír, ni hacer nada que pueda incomodarte. Prometo ser un cero a la izquierda, invisible. Lo prometo..-Y tras decir aquello suspiro largamente, cerrando los ojos con fuerza. Annie no solia perder la compostura, Annie no era Sarah. Pero si era cabezota, demasiado podria decirse y no iba a dejarle marchar. No solo.
Suspiró largamente tras escucharla, quedándose en silencio para pensárselo. Si la llevaba con él podría ser peligroso... Pero se volvería loco sin ella. Así que accedió a llevarla:
- Está bien... Vente conmigo si es lo que quieres, pero por favor, nada de subirse a los tejados, de escaparse, ni de llamar mucho la atención. Necesito dejar de ser un ángel durante un tiempo... -Deslizó la mano hasta su propia camiseta, rasgada por todos los lados, sacándose un hilo de esta, el cual se resistía salir, sonriendo con ligereza, evitando caer en la tentación de mirarla- Mira que eres cabezota, Massey.

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