Puede que no sea cierto, pero quiero creérmelo. Quizá es porque lo necesite o quizá tan solo es para sentirme mejor. No lo sé, simplemente tengo algo que decir. Te quiero.

sábado, 25 de diciembre de 2010

Carta a los Reyes Magos.

Queridos reyes magos:

Este año no pediré nada material, o quizás sí. No quiero regalos envueltos en papeles brillantes, ni quiero caras de felicidad, no quiero nada.
¿Sabéis qué es lo que más deseo en el mundo?
-Vivir lejos de aquí.
-No existir.
-No haberle conocido.
Em, sí. Ahora os preguntaréis qué voy a pedir. Bien, pediré lo siguiente:
-Salud para mi madre, para mis seres queridos.
-Un botón de olvidar; o simplemente de apagar.

¿Para qué?
Para cuando sienta esto de nuevo, borrar todos los recuerdos que tengan que ver con él eso.

En fin, espero que podáis ser felices.

Con amor,

Massy Addiction.

Inseparables.

http://www.youtube.com/watch?v=Um3pWbGTQ3Y

¿Por qué?

Una pregunta que todos se hacen.
¿Por qué?
¿Por qué?
¿POR QUÉ?

Pero yo me la hago sólo cuando te veo.
¿Por qué me da esa sensación en el pecho?
¿Por qué deseo abrazarte?
¿Por qué deseo no soltarte?
¿Por qué deseo estar allí contigo?
¿Por qué deseo olvidarme de ti y no puedo?
¿Por qué?
¿Por qué?
Joder.

Deseos.

A veces deseaba gritar.
A veces deseaba llorar.
A veces deseaba desaparecer.

Ella era normal y corriente. Una persona con defectos, virtudes y sentimientos. Y como persona que era, no era perfecta. Era... perfectamente imperfecta.
No solía estar sola, su mejor amiga siempre estaba ahí, pero eso no le impedía ponerse a pensar.

A veces deseaba estar allí con él.

Y la mayoría de veces, no quería. Le echaba de menos, sí, pero él se había marchado para no volver.

Dura realidad.

Y sí, era cierto que de una u otra forma ella siempre estaba con él. Seguramente, ella sería un punto muerto en la cabeza del chico, algo que fue...algo y ahí se quedó.
Pero las cosas pasan por algo, ¿no?
Quizás nos volvamos a encontrar.
Quizás no.

Adiós.

miércoles, 20 de octubre de 2010

Un día más, un día menos.

En la calle se oía el ruido de la lluvia al car sobre el suelo, ese sonido que puede llegar a ser totalmente relajante...

Ella se encontraba en medio de la acera desierta, mojándose. No le importaba, esta vez no se preocupó por su aspecto, ni en los virus que podría pillar, tan sólo disfrutaba de aquel momento a solas.
Cerró los ojos, sintiendo el agua caer sobre estos. Una sonrisa curvó sus labios, una melodía sonaba en su cabeza...
Pero quizá era tiempo de olvidar.
¿Cuándo puedes saber si esa hora ha llegado?
Eso era lo peor, el no saber, el no estar convencida, segura.

Frunció el ceño, suspirando largamente después. Habían temas que la hacían dejar de sonreír de un momento a otro; este era uno de ellos.
Se sentó en el muro que se encontraba frente a un viejo edificio abandonado. No sabía que hacía allí exactamente, ni cuando había llegado, ni quien la había llevado. En realidad: no le importaba.
Le encantaba estar allí, bajo la lluvia, dejando el tiempo pasar, sin preocuparse de nada, pero debía irse.
Sacó su MP5 en medio de aquel torrencial, puso la música a todo volumen y echó a andar, dejando atrás aquellos recuerdos en las paredes del edificio que la observaba marchar.

En medio de la neblina se veía a una chica con vaqueros negros, all star del mismo color, chaqueta de cuero...Cabeza baja, música a todo volumen, labios entreabiertos...

Dejaba atrás aquello.
Como debió haberlo hecho hace mucho tiempo.

jueves, 30 de septiembre de 2010

Llanto de dioses.

Y, de un momento a otro, comenzó a llover.
Ella escuchó el sonido de la lluvia contra su ventana y corrió hasta allí para abrirla.
El agua era fría al tacto, seguramente si hubiera sido una temperatura de una piscina se habría congelado. Las gotas no eran muy gordas, tampoco eran finas, aun así, su brazo quedó empapado.
Miró hacia el cielo. Tras los negros nubarrones se divisaba el color celeste del cielo, pero, al desviar la mirada, todo cambiaba. Las montañas estaban cubiertas de oscuras nubes, dispuestas a pasar por allí sin importar nada.
Apoyó las manos sobre el cristal y se quedó pensativa.

-Dicen que la lluvia es el llanto de los dioses-dijo en su mente, luego, suspiró y cerró la ventana, alejándose del exterior tanto como fuera posible.

Tres horas más tarde.

Las lágrimas cayeron por sus mejillas, sin ninguna razón, simplemente, salieron de sus ojos,, posándose en sus mejillas, para luego descender suavemente hasta su boca.
Tal y como lo habían hecho los dioses.
Tal vez era solo casualidad.
Pero, una frase resonó en su cabeza:

"Las casualidades no existen, todo tiene una explicación".

Amistad.

Siete letras. Tres sílabas. Una palabra.


¿Qué es la amistad?
Es ese sentimiento hacia una persona que te importa...
Es la necesidad de sus abrazos cuando estás mal...
Es saber que estará ahí cuando necesites una mano amiga...
Es conocer sus defectos y virtudes...
Es saber que le necesitarás...
Es tu hermano/a, compañera/o...
Es conocer cada detalle de su vida...
Es meterte en líos por su culpa y arreglarlo juntos...
Es coger su mano y no soltarla hasta que esté seguro...
Es respeto.
Es cariño.
Es honestidad por encima de todo.


Porque un amigo no es quien te hace reír con mentiras, sino quien te hace llorar con verdades. 

Que las cosas se pinten fáciles no significa que lo sean.

Caminaba por la calle, pensativa. En su reloj marcaban las 2, las dos de la madrugada. Mil veces se había repetido que no debía pensar en ese tema. Ella se había quedado en el olvido. Y eso dolía, dolía mucho.
Pero, ¿qué era el olvido? ¿En realidad se lograba olvidar a una persona con facilidad? Por ahora, ella había descubierto que olvidar a alguien era muy difícil.
Olvidar, olvidar...
Siempre pasaba lo mismo, nunca olvidas ese sentimiento. Al recordar a esa persona el corazón te da un vuelco y dices: "Olvídalo, piensa en otra cosa".
Nunca quedamos en el olvido, simplemente salimos de la vida de alguien de forma inconsciente, el ascensor desciende y ya no estás donde estabas, ya no eres una prioridad, ahora eres un nivel inferior.


Lo peor de todo es que, en ocasiones, no se puede hacer nada. 

lunes, 13 de septiembre de 2010

Pesadillas.

En el descampado reinaba el silencio, normal, con la hora que era. Miró su reloj pero había demasiada oscuridad para ver los números que le dirían en que momento del día se encontraba.
Echó a andar, quizá, entre la espesa niebla podría encontrar la salida del lugar que muchas veces había sido su escondite. Pero no, estaba rodeada de matorrales con espinas, allí no había salida.
No se veía ni una luz..Extraño, eso estaba rodeado de hogares, pero no pasó nada, ella siguió andando. Tenía el pelo alborotado, las manos metidas en los bolsillos de su chaqueta, pantalones vaqueros y all stars negros como la noche.
Miró a su alrededor, habían árboles de cerezo marchitos. Abrió los ojos como platos: Eso era imposible, estaba en Europa, no en Japón. Frunció el ceño y siguió andando, una fina llovizna la mojó.
-Oh, bien, lo que me faltaba.-Suspiró largamente.
En un destello algo...o alguien apareció frente a ella. Confusa, lo miró, intentando observarlo, pero era imposible, estaba rodeado de una luz que cegaba. Entrecerró los ojos. Definitivamente no era algo, era alguien. Una persona, un ser. Intentó volver a mirar, sus ojos se acostumbraban a tanta luz. Hasta que le divisó, no muy bien, pero lo hizo.
Era alto, un chico. Tenía los puños cerrados, iba vestido de blanco y la cabeza baja. El pelo caía por su frente, tenía los labios muy rojos...
Ella le observó, impresionada. El chico elevó la cabeza, clavando sus ojos marrones en los de ella. Estiró uno de los puños en su dirección, sin brusquedad. Abrió la mano, en la que estaba un collar. Tenía un corazón, lo más posible es que fuera de plata.
Ella frunció el ceño, le miró y este asintió.
Tomó el corazón entre las manos. Él señaló su cuello y ella obedeció, lo colgó en su cuello. Volvió a mirarlo y él sonrió de medio lado, como si estuviera orgulloso, luego, desapareció.
Y entonces...

Pegó un brinco en la cama, estaba agitada. Miró a su alrededor.
La misma habitación, la misma oscuridad.
Algo raro: la ventana abierta.
¿Había sido un sueño?
Se levantó a cerrar la ventana y quedó frente al espejo.
Pijama.
Pelo alborotado.
Y en su cuello, un corazón.

jueves, 26 de agosto de 2010

Día diez.

Caminaba por la calle, iluminada por las farolas. El viento era frío, soplaba con fuerza y la despeinaba, estaba sola en medio de aquella oscuridad. La música a todo volumen, no quería escuchar nada más. Miró a su alrededor, todo se veía negro por la hora.  En medio de aquellos sentimientos, emociones, inseguridades..la voz conocida de aquella chica resonó en su cabeza:


-Nadie quiere que pierdas esa sonrisa.


Estaba segura de que él querría que ella sonriera..ella sabía cuando pasaría eso. Un escalofrío le recorrió y salió de sus pensamientos. Seguía parada en medio de la calle..
Una canción dijo:


Todo se siente tan frío aquí..sin ti..


Suspiró largamente. Ya había pasado un mes. Había sido fuerte..Como él había dicho:


-Soy fuerte, pero no de piedra.


No, no era de piedra;
Pero a veces lo deseaba. 

miércoles, 25 de agosto de 2010

Día nueve.

Otra vez esa sensación.
Esa sensación en el pecho.
Había estado ahí las semanas anteriores pero..ahora era más fuerte.


No sabía que sentía exactamente.
¿Era añoranza, necesidad?
No sabía si se alejaba o se acercaba..
¿Cómo podía saberlo?


-No va a volver-resonó la voz en su cabeza.
-Cállate..
-Sabes que es verdad, no volverá.


¿Y si no lo hacía?


-¡Qué te calles! ¡Si lo hará, confío en ello!
-En este caso la confianza no es suficiente.
-Necesito que hagas silencio..
-¿Quieres sentirte así?
-Prefiero sentirme así que no sentir absolutamente nada.-recordó esa frase, una canción.


Silencio, sólo eso. 

Día ocho.

 Tic toc, tic toc..


Era lo único que se escuchaba en la habitación además de sus pensamientos..


Tic, toc.


Odiaba ese sonido.
El tiempo pasaba y ella sentía impotencia.
También añoranza..
Le echaba de menos.
Una vez más, él estaba en su cabeza.
Como las tres semanas anteriores.


No quiero que te vayas.


Su propia voz sonó en su mente.


Vuelve, joder.


No ocurrió nada.
La habitación seguía vacía.
Ella seguía echándole de menos y él..él no volvía.

Día siete.

Iba en el tranvía, pensativa.
Una de las puertas se abrió y, junto con ella, una pequeña niña de quizá cuatro años entró junto a su abuela.
Se quedó observándola unos segundos.


La pequeña no se estaba quieta. Reía, jugaba.


Hacía unos años no habían tantas preocupaciones y responsabilidades. 
Hacía unos años corría detrás del perro de la vecina cuando le quitaba la muñeca.
Hacía unos años se limitaba a pensar que la vida no era más que un cuento de hadas..


Sí, en un mundo irreal.
Un sitio tan difícil de encontrar..


Añoraba sentirse así.
A pesar de todo, aún era una cría.
Su inocencia no se había marchado.
No aún. 

jueves, 12 de agosto de 2010

Día seis.

Y ahora que lo pensaba, habían pasado dos semanas. Aún así, ni un sólo día había dejado de pensar en él. Y entonces, ese día tan esperado llegó.


Se quedó perpleja al verlo. Él sonrió. Hablaron unos 15 minutos. 


- ¿Cuándo vuelves?
- Pronto.


Ella sonrió. Le alegraba el saber que le tendría cerca de nuevo. Cerca, de una u otra forma.


- Te quiero...-Murmuró él.
- Yo también te quiero, no lo olvides, ¿sí?
- No lo olvido.


Y...desapareció. Se esfumó, como cuando despiertas de un hermoso sueño...Al principio se queda en blanco pero, luego, sonríes de forma tonta al recordar..


Pero los sueños siempre quedan en recuerdos, en tu memoria.


Y hay quien dice que de eso se vive. 

martes, 10 de agosto de 2010

Día cinco.

Doce y treinta minutos, madrugada.
Ella estaba sentada en el balcón de su habitación con las puertas abiertas y la espalda recostada a la pared.

El ruido del coche la sacó de su sueño. Solía soñar despierta a todas horas.
Miró al cielo.
Estaba cubierto de nubes naranjas. No, no estaba loca, así se ven las nubes cuando las luces de las calles la iluminan al llegar la noche. Antes podía ver las estrellas, sólo había una, solitaria, en medio del firmamento. No era muy luminosa pero, aún así, era hermosa.

Al menos le servía de consuelo que los dos estaban bajo el mismo cielo. 
Al mirar arriba, siempre verían lo mismo.

Pero ahora no se veía nada, el cielo nocturno estaba cubierto de nubes. ¿Se había marchado? ¿Seguiría siempre ahí?

Eso se vería más adelante...Cuando el viejo reloj de arena diera la hora exacta, en el momento preciso...con la persona indicada. 

Y esa persona era él.

Él y él. 

Día cuatro.

Después de salir de casa estuvo caminando un buen rato, buscando un sitio donde pensar sin interrupciones. 
El cielo era gris, como en uno de esos días en los que se aproxima una tormenta. No hacía viento, ni aire, pero en el ambiente se distinguía cierta frialdad.
Si te parabas a escuchar, sólo se oía el sonido del motor de algún coche en marcha, niños jugando a lo lejos y el de los pajarillos, que cantaban, alegrando el día..Aún así, no se dejaban ver.


Siguió caminando hasta llegar al descampado, sí, era lo bastante tranquilo. Se perdió entre los matorrales y se sentó entre ellos, cerró los ojos.
Se sentía enfadada y triste a la vez.
¿Es eso posible? Así se sentía.


Tenía ganas de llorar...pero las lágrimas no salían, se habían evaporado. Había pasado una semana, quedaban tres. Y se le hacía eterno...Pero hay quienes dicen que nada dura para siempre. La fecha llegaría, sólo había que esperar...


Tic, toc, tic, toc..Así suena el reloj. 

lunes, 9 de agosto de 2010

Día tres.

Una habitación vacía.


Palabras..Sentimientos..Recuerdos, momentos.


-Nunca me dejes-dijo él.
-No podría.- Respondió, dedicándole una sonrisa.


Es una regla de tres, si tú estás mal, yo también.


-Tú no tienes que estar mal por nada en el mundo. 
-Tú tampoco.-murmuró.


Sentimientos guardados en un pedacito de corazón..~ 


-Nada tiene sentido.
-A estas alturas, no tiene que tenerlo.


Entonces, le dimos al botón de apagado. 















martes, 3 de agosto de 2010

Día dos.

Entró a su habitación, despeinada y sin ganas. 
Se quedó un rato mirando su reflejo.
En sus ojos se veía una tristeza lejana..Sólo algunos la notarían. Tenía ojeras.

-¿Qué has estado haciendo estas noches?

Ella calló, no respondió.
Estaba tan pálida que ni siquiera se conocía.
Sus labios eran rojos, lo único llamativo de su cara en ese momento. Se sentó en la cama y puso la música.
 
Una música que no la hiciera pensar.
 
Que no la hiciera llorar.
 
Que no la hiciera sentirse así.
A veces deseaba ser una máquina, sí, una sin sentimientos a la que le puedes dar al botón OFF y que ahí termine todo..

-Eso es feo.-Le había dicho.

Es cierto, lo era.
Se oyó el sonido de un spray y la cara de la chica se humedeció.

-¿Qué deseas?- Aquella voz tan cercana volvió a hablar.

Ella calló, una vez más.

-Responde.

Se ahogó en sus propias lágrimas.


Día uno.


En el momento en que una lágrima recorrió su mejilla sus palabras recorrieron su mente.
-No hagas ninguna locura, por favor.
-¿A qué llamas locura?-respondió ella en un susurro.
-Al tipo de cosas que sabes que no están bien.-dijo él.
-Sólo si me prometes que no las harás tú.
Eran sólo dos cosas.
-No haré la primera.-dijo- tú tampoco.
-La segunda es inevitable..
Ellos quedaron en silencio por un momento.
-Buenas noches, te quiero.
-Yo también te quiero.
Y, en ese instante, la habitación quedó vacía y en silencio.
Unas frases resonaron en su cabeza.
"El mundo es demasiado pequeño para sentimientos tan grandes."
"I may not always be perfect, but I always try."
Y ella recordó aquella vez, cuando él estaba mal..cuando lloró y a ella se le rompió el corazón.
But now it´s over..It´s over..Why is it over?
Now it´s over..It´s over..It can´t be over..
I wish that I could take it back..
But now it´s over.
¿Lo ha hecho? ¿En realidad ha acabado?
Queda un mes para pensar, analizar..
Un mes en el que los días estarán contados.
-Te echaré de menos..
-Y yo..Y yo.