Puede que no sea cierto, pero quiero creérmelo. Quizá es porque lo necesite o quizá tan solo es para sentirme mejor. No lo sé, simplemente tengo algo que decir. Te quiero.

martes, 1 de noviembre de 2011

"...Se despide de ella con un beso en la mejilla, echándose el flequillo hacia un lado con un gesto de cabeza, acercándose a Lauren, que sonreía de una forma "sensual", sonriendo por ser amable, saludándola:
- Hola Lauren.
-¡Zénobe! -Exclamó con una vocecilla aguda, echándose a sus brazos para besar dos veces sus mejillas- Que guapo estás hoy,cariño..
A él se le escapa una carcajada,intentando disimularla después tosiendo, asintiendo:
- Será que me ha dado el sol.
-¿Y qué tal, ya tienes pareja para el baile? -Dijo ella, a lo que Zénobe pensaba.. "Joder, esta tía no se anda con rodeos..", carraspea y asiente, intentando no decirlo directamente:
- La verdad que sí...
-¡Ah! No pasa nada, es que tú.. -se muerde el labio, a lo que Zénobe intenta forzar una sonrisa, cual le salió genial- Pero me guardas un baile, eh.
-Claro, sí,sí.. -Asiente, sin importarle mucho bailar con ella,pues al fin y al cabo serían unos minutos, lo que durase la canción.
Zénobe se disculpa diciendo que tiene que marcharse ya, por que se inventa que ha quedado con unos amigos. Lauren también dice, que debe marcharse, y sin contarse ni un pelo, toma a Zénobe de las mejillas no sin antes mirar a Annie, como asegurándose de que lo estaba viendo y comienza a besarle. Al principio éste se queda medio gilipollas, pero la acaba apartando un poco, carraspeando y humedeciéndose los labios, observando como esta se marchaba tan feliz como una flor hacia el comedor con su grupo.
Annie entrecerraba los ojos y apoyaba la cabeza en la puerta del comedor, frunciendo los labios, intentando ser lo más educada posible con aquellas chicas, que parecían estar diciéndole algo de..¿el baile? Sí, quizás..Lo cierto era que la chica no les estaba prestando atención. Entonces surge, como no, el tema de Zénobe. Parecía todo estrictamente planeado, siguiendo con la mirada una de las manos de las chicas, justo a tiempo para ver como Lauren la observaba detenidamente con una sonrisa triunfal en el rostro, esa tan odiosa que se le formaba cuando su mensaje era: "Siempre consigo lo que quiero". A partir de ahí todo parecía ir a cámara lenta, las chicas se marcharon y Annie miraba la escena sin parpadear, anonanada. ¿Estaba soñando? Sí, debía ser una pesadilla. Pero no, era todo tan real que incluso le dolía..Sentía una presión en el pecho, una fuerte presión que parecía querer ahogarla en cualquier momento. Cuando el beso acaba, más bien Zénobe aparta a Lauren, Annie sacude la cabeza, con las cejas alzadas y la mirada clavada en ambos, cerrando los ojos por un momento, respirando hondo. La mitad del comedor tenía la mirada clavada en Zénobe, la otra en Lauren. Pero Annie no parecía mirar ahora a nada, sino que se limita a girar sobre sus talones, echando a andar por los pasillos a paso lento, como si, como antes, fuera a cámara lenta y no estuviera ocurriendo. El dolor no cesaba, por lo que Annie vuelve a cerrar los ojos con fuerza, pellizcándose el brazo, haciéndose sangre, pero no le importa, se limita a seguir andando.
¿Pero que pretendía esa muchacha? Entonces desvía la mirada a Annie. Espera... ¿Y Annie? La busca con la mirada pero parecía que todo el mundo le estaba mirando, parecía el títere de un espectáculo. De pronto la ve entre la gente, alejándose a paso lento, y la llama, apartando a la gente de en medio, que como borregos se quedaron mirando la escena:
- Annie, Annie... -La coge del brazo para que no camine más, dándose cuenta del hilo de sangre que brotaba de este- Perdóname, yo no quería.. -Dice, posando la mano sobre la herida, sin curarla de momento pues había humanos delante. La muchedumbre empezaba a entrar poco a poco en el gran comedor para cenar, todos, con el mismo tema de conversación, y este seguía descompuesto por lo sucedido- Ven que te cure eso...
Sus pasos eran lentos, quizás demasiado, parecía una niña poseída de las películas de miedo, arrastrando los pies por el limpio suelo, que parecía querer reflejar su rostro. Le sentía detrás de ella, pero nisiquiera se volvió a mirar. Sintió su brazo, su tacto, pero le sentía allí, era real... Pero no podía darse la vuelta y mirarle a la cara. Se mordió el labio inferior, no por el dolor de la herida, sino por la ola de sentimientos que comenzaban a formarse dentro de su pecho, los cuales parecían querer matarla. Al escucharle aprieta los labios, apartando el brazo de él con un simple movimiento, no demasiado rudo, ni fuerte, entonces susurra:
- No..hace falta. -Se cubre la herida con una mano, curándose de repente, como si nunca hubiera estado allí, sin dejar marca ni cicatriz ninguna.
Annie no se estaba dirigiendo a la sala de comida de los vampiros, al contrario, se dirigía al ala oeste, donde se encontraba la biblioteca. Se le había quitado hasta el hambre, es decir, la sed. Mantuvo sus ojos clavados en el suelo, respirando hondo, mordiéndose el labio, sintiendo algo que no la dejaba hablar, como si estuviera a punto de echarse a llorar por algo muy fuerte.
Estaba roto por dentro, él no quiso besar a Lauren, es más, la apartó. Sentía un fuerte nudo en la garganta y en el estómago, dolido por ella, pues su intención no fue mala. La llamaba continuamente, pero ella no dirigia la mirada, se sentía el peor hombre del mundo en ese instante. Nada más sentir como le aparta con ese leve movimiento se le parte el alma. El labio inferior le temblaba, llamandola por última vez,pues parecía que no quería permanecer a su lado:
- Annie... perdóname por favor... -Se llevó las manos al rostro, hundiendose en estas, para echarse hacia atras el flequillo.
Parándose en medio del pasillo pues no sabía ni como actuar ante esa situación:
- Annie...
Le dolía la cabeza, todo le daba vueltas y el suelo donde estaba pisando comenzaba a helarse, otra vez perdia el control de sus poderes... Se servía inservible, inutil e impotente..."
"...Sus labios se fruncieron ligeramente al escuchar que no sabía si ir a la acampada, con cierto aire de desilusión en la mirada:
- Yo cuidaré de ti. -Dijo, convencida, asintiendo con rapidez, sonriendo de medio lado aunque realmente sería al contrario..¿Quién decía que no podía ser mutuo? Alza ambas cejas ante su otro comentario, susurrando- Si, claro, todo el instituto. -Desvía la mirada ligeramente, volviéndola a él, lanzandole la almohada, aunque sabía que la cogería con rapidez...Eso o le golpeaba. Aún así no pudo reprimir una sonrisita traviesa, mientras que se mordisqueaba el propio labio inferior con insistencia. Se echó hacia atrás, removiendose en las sábanas, alborotándolas, mirándole luego, con aire infantil, cubriendose la boca con los dedos.
Estaba tan sumamente atontado en sus asuntos, con la mirada perdida más allá de las montañas que se podían contemplar por la ventana que el cojín le dió en la cara haciéndole volver en sí, gediondeó por lo bajo, frotándose la mejilla:
- Te vengo a visitar, y ademas me maltratas... -Dice,fulminándola con la mirada, levantándose de su asiento con tanta rapidez que apenas en un segundo se deja caer sobre ella, sin dejar todo en peso sobre la cama, evitando reír y tomándola con cuidado por las muñecas, colocándoselas una a cada lado de la cabeza, mientras se acomoda de rodillas entre sus piernas- ¿Y ahora qué? Devuelveme mi chocolatina.. -Hace como si se hubiese picado como un niño chico, acercándose a sus labios para besarlos un breve instante, para separarse un poco después, perdiéndose en su mirada,canturreando una de las canciones pegadizas de un anuncio de cereales,como si nada hubiera pasado.
Se echó a reír cuando vio la cara que puso Zénobe al sentir el cojin en su rostro, siguiéndolo con la mirada hasta verle cerca suyo, dejándole espacio entre sus piernas de forma inconsciente, sintiendo sus muñecas presas de sus manos. Sonríe de medio lado al sentir su beso, intentando alargarlo o al menos quedarse con el sabor de sus labios, mirando sus ojos con fijeza para luego volver a sonreír al escucharle, negando repetidas veces con la cabeza antes de susurrar:
- Oblígame. -Tras decir esto parpadea con rapidez, como si se tratara de una niña pequeña pidiéndole algo a su madre, aunque ella no estaba pidiendo nada, tan solo estaba..tentando. Se acomoda sobre el colchón, estirandose bajo Zénobe, aunque no había dejado de mirarle.
Hacía tanto tiempo que no la besaba, echaba de menos esa tibieza en sus labios al aproximarse a los propios, alzando una ceja con diversión al ver como esta le hace tentar, intentando reprimir la risa, sonriendo de forma inconsciente, esta vez, volviendo a besar sus labios, jugando con estos, alargando el beso cuanto puede, respirando por la nariz de forma relajada. Suelta una de sus manos, y la desliza por su mejilla, por su cuello, por uno de sus costados, hasta alcanzar su cintura y depositar caricias en esta, para desviar entonces también los besos a su cuello, atrapando con los dientes la piel con cariño y sin hacerle daño. Las palabras sobraban en ese preciso instante..."
"...Nota su tirón, al cual responde corriendo también por los pasillos, intentando llegar con tiempo al avión, riendo sin querer de la situación pues parecía que se escapaban como Romeo y Julieta. Suspira feliz al ver que ya estan dentro, "¡por fin!", dice para sí, emocionado por el viaje que les espera. Camina por los pasillos de asientos observando al mínimo detalle a cada pasajero por si nota algo sospechoso. Mierda, ya le volvía a salir esa vena protectora que tenía con ella, sentándose a su lado con tranquilidad. Se abrocha el cinturón automáticamente, devolviendo la sonrisa, tomando el folleto:
- Veamos... -Dice, abriendo el panfleto y desplegándolo para ver al detalle todo lo que hay en él, sintiendo él también como despegan- A mí el lugar me da igual, me importa la compañía.
Ella le mira de reojo, sonriendo de medio lado al escucharle, sintiéndose ya en el aire debido a que el avión subía cada vez más, alcanzando por completo su altitud. No se había dado cuenta de que aún sujetaba su mano, acariciando ahora su piel con las yemas de los dedos, susurrando:
- Y pensar que no querías que viniera contigo..-Dibuja una pequeña mueca antes de recostarse en el asiento, posando la cabeza sobre el hombro de Zénobe, susurrando- Te prometí una vez que no te dejaría solo, ¿recuerdas?...-Entrecierra los ojos, sintiendo algo molesto, mirando el brazo de plástico que los separaba. Lo retira, acurrucándose luego en él, dejando escapar un suspiro al tiempo que volvia a susurrar- Pensé que no volverías..
Le pasa el brazo por lo hombros, atrayéndola a él cuando aparta el molesto posa brazos de plástico entre ambos, besando su sien sonoramente y acurrucándola para que esté a gusto, sonriendo con levedad, mientras mira por la ventana del avión. Las estrellas que hay en ese momento de la noche, pues en los aviones se ven estrellas fugaces recorriendo el cielo cada dos por tres, murmurando en bajo, ya que hay gente durmiendo en el trayecto, pues llevan unas horitas ya:
-Porque no quiero que te pase nada... -Vuelve a besarla, esta vez en la mejilla, haciéndole mimos, pues está algo mimoso- ¿Has visto que bien se ven las estrellas?
Bajó una de sus manos hasta desabrocharse el cinturón, frunciendo ligeramente los labios al sentir su beso, cerrando los ojos con cierta fuerza, respirando hondo, tranquila. Una sonrisa aflora en sus labios cuando vuelve a besarla y abre los ojos, volviendo la vista a la ventanilla, alzando ambas cejas al ver las estrellas. Su sonrisa se amplía, arrugando ella la nariz con rapidez, susurrando:
- Son hermosas. Me encantan las estrellas. -Luego vuelve la vista al chico, sin dejar de sonreír, acurrucándose en él como si fuera una niña pequeña, escondiendo la cabeza en el hueco de su cuello, dando luego sobre su hombro un beso suave, suspirando.
-Ya sé que te gustan las estrellas...-Musita más bien para si, observándolas junto a ella, viendo alguna que se mueve a la velocidad de la luz y como su llama se apaga al final del trayecto en el cielo. La verdad que las estrellas estaban muy bonitas esa noche, parecía que la gran tormenta había calmado de momento y que reinaba la calma. Intenta no reír cuando esta se acurruca de tal manera en él, como un gatito buscando calor humano, abrazándola y hablando en un tono bajito, en susurros:
- ¿A que no sabes qué? -Dice, depositando varios besos en su mejilla, uno tras otro, cariñoso, pretendiendo ser empalagoso, así que sigue dándole besos, divertido.
Se le escapa una risita al sentir sus besos y un ruidito que parece mas bien un ronroneo, el cual hace varias veces para luego callar, alzar la vista y mirarle un momento, parpadeando ligeramente. No sabia cuanto tiempo llevaban alli dentro, solo que el viaje duraba unas 9 horas, cosa que sería eterna para una persona que viajara sola, pero ella estaba con él y...con él parecia pasar el tiempo volando. Mira unos segundos a la ventanilla, arrugando la nariz, viendo una pequeña estrella fugaz recorrer el firmamento para luego evaporarse, desapareciendo, lo que le hace suspirar y volver a mirar a Zénobe, el cual aun no habia hablado. Se echa hacia arriba, dando en su nariz un pequeño toque con la propia, depositando sobre esta luego un beso, riendo entre dientes, bajito, negando para si.
Arruga la nariz ante lo que hizo, imitándola, pues ella suele hacer ese gesto con mucha frecuencia, riendo por ello, pero calma la risa al darse cuenta de que siguen en el avión, acercándose a su oreja para susurrar como si fuese un secreto:
- Te quiero. -Dice, teniéndola cerca, por lo que saca una manta de viaje del avión, que había frente a ellos en una pequeña red, extendiéndola, arropando a ambos con esos, como si fuesen dos viejetes, tapándose hasta debajo de los ojos, hablando en un tono divertido- ¿No me das más que esos besos? Pues ahora me tapo con el burka este. -Refunfuña, intentando no reírse.
Su sonrisa se agrandó cuando escuchó lo que le dijo Zénobe, mirándole de reojo, frunciendo ligeramente los labios antes de reír bajito, negando para si. Pasa ambas manos por su espalda, atrayéndolo más hacia si si es que es posible, acurrucándolo como si se tratara de un niño pequeño, comenzando a mover las manos por encima de su camiseta en una suave caricia, dando varios besos sobre su nuca, para luego bajar a su frente, sonriendo. Con la nariz perfila la de él, bajando hasta su mejilla y luego a su barbilla, susurrando mientras clavaba la vista en sus ojos azulados, perdiéndose en estos un momento, susurrando:
- Yo también te quiero, y eres un bobo..-Ríe entre dientes nuevamente, llenando su mejilla de besos suaves, dejando los labios allí posados..."

La historia continúa.

Zénobe llevaba sin aparecer desde hace un tiempo, no dio ni señales de vida en toda su ausencia. Parecía haber desaparecido por completo. Algo había ocurrido con él, no habría dejado a Annie nuevamente, después de haberle prometido que se quedaría con ella. Y lo sucedido ni él mismo podía contarlo. No por discrección ni alto secreto, sino por que había perdido algunos fragmentos de su memoria. Tan solo perduraba el recuerdo de volver al Cielo, y encontrarse allí con la noticia de que alguien había sido enviado para matar a Annie, al no poder consentirlo, engañó a aquel Dios para dar su vida a cambio. Finalmente, consiguió salir vivo, pero con daños... Se acordaba de ella, sí, Annie, su pequeña......
Aquella noche una tormenta veraniega daba la cara ante la cuidad, lloviendo, tronando y con todo tipo de situaciones meteorológicas. No se debía a un cambio climático, sino a lo que sucedía más allá de las nubes. Dioses enfadados al enterarse de que Zénobe Yves, un avispado ángel, no había sido sacrificado, ahora, en busca y captura. Y calló nuevamente del cielo, con destino a uno de los bosques cercanos.
Abrió los ojos con dificultad, la lluvía complicaba cada una de sus acciones, estaba aturdido, desorientado, asustado y preocupado. Había dejado a Annie sola durante mucho tiempo y nisiquiera sabía donde él mismo se encontraba. Tumbado en el suelo, con las alas desplegadas, posadas y empapándose de la fuerte lluvia, se mezclaban entre lágrimas de ira y desprecio ante sí mismo. Con alguna que otra herida, y cortes de gravedad por las costillas, intentaba moverse o arrastrarse por el suelo. Entonces, recurrió a su última esperanza, aún sabiendo que estaba mal, cerró los ojos y quiso meterse en la mente de Annie, murmurando para que le oyese, andara donde andara...
"Annie... Annie..."

La muchacha no había sabido nada de su ángel guardián desde hacía meses. No sabía como tomárselo. ¿Había vuelto a abandonarla? ¿No iba a cumplir su promesa? Prefería no pensar en ello, no pensar en aquel muchacho que tenía el mismo tono en los ojos que ella. Era la primera persona que habia visto con los ojos azules celestes.
Se encontraba dormida plácidamente sobre el colchón de la mansión Massey, la cual se encontraba a las afueras de la ciudad. Su respiración era pausada, tranquila y en su cabeza no había nada. Ni luz, ni oscuridad. Era todo neutro. Ni sueños ni pesadillas. Las sábanas se arremolinaban a su lado. Las ventanas estaban cerradas y todo se encontraba en absoluto silencio. Annie no escuchaba siquiera el sonido provocado por los truenos en el exterior, los cuales hacían estremecer toda la casa, ni la lluvia contra la ventana, ni del viento enfadado moviendo los árboles de un lado a otro como si fueran juguetes. No podía hacer nada más que dormir. Frunció el entrecejo cuando el sonido de una voz extrañamente familiar sonó en su mente. Susurraba su nombre, pero sonaba lejano, lejos de su alcance...Ella sabía quién era. Era él. Él. Zénobe, su ángel guardián.
Cuando la voz del chico susurró en su mente ella abrió los ojos de golpe, como platos, levantándose de un salto. Las ventanas se abrieron al mismo tiempo y la lluvia la empapó. Tenía que ir a buscarle. Por primera vez sería ella quien le encontrara a él. Sus ojos azules se cerraron y ella se concentró en cada uno de los recuerdos.. La mano de Zénobe en la suya, el tacto de sus alas en las yemas de los dedos, el roce de sus labios..Y entonces desapareció, apareciendo en el sitio donde se encontraba Zénobe, de pie, totalmente empapada. Si él pudiera verle la espalda se daría cuenta de que las alas que ella habia tenido una vez dejaban su rastro en aquel tatuaje que recorría su piel. Abre los ojos y al verle se le cae el alma a los pies, echando a correr hasta lanzarse a su lado, rodeandole con los brazos, susurrando:
-Zénobe...
Las alas mojadas triplicaban aun más su peso, con toda la ropa mojada entre la lluvia y roja sangre por castigos y maltratos a los que fue sometido, los labios perlados de pequeñas gotas de agua. Vuelve a abrir los ojos al notar su presencia tan cerca, era ella. Quería abrazarla, besarla, tenerla cerca...Pero le era imposible moverse, lo intentó y se estremeció del dolor de sus músculos, bastante más marcados que la anterior vez. Musitaba en un tono de voz débil y sin apenas fuerzas, necesitaba reposar y dormir durante un tiempo, no era capaz de auto curarse a si mismo por falta de energía:
- Annie... Sácame de aqui por favor... -Le temblaba la voz, no quería permanecer en aquel lugar, ya que sabía que le buscarían ahi primero al ser el lugar donde cayó tras permanecer en el Cielo, como volviesen a encontrarse con él tendría muchas deudas que pagar con sangre y tampoco podía volver a su casa ya era un lugar demasiado fácil para que le encontrasen. Los párpados se le cerraban, evitando que gotas de agua le cayesen en los ojos, tristes, y con apenas brillo en el color que con ella compartía.
El olor de la sangre de Zénobe llegó hasta ella, haciendo que su garganta se secara. No podía dejarle allí, tenia que llevárselo, curarlo. Tenia que ponerlo a salvo, era lo único en lo que podía pensar. A pesar de su peso, Annie lo tomó en sus brazos y lo abrazó con fuerza, posando por un momento sus labios sobre los del chico, susurrando, sin besar:
-Voy a llevarte a casa..Vas a estar bien. Te lo prometo.
Y tras decir esto ambos desaparecen, apareciendo en la habitación de Annie, en la mansión. Ella lo tumba sobre la cama y se sienta a su lado, haciendo que las ventanas se cerraran suavemente y entonces posa una de sus manos en el cuello del chico, dejando que toda su energía pasara a él. Poco a poco cada herida fue curando, cada moraton desapareció, llenándole de magia, retirando el cansancio y todo aquello que le debilitaba. Annie jadeó, cansada, mirando a Tonca, la cual por arte de magia habia traído unas bolsas. Bolsas de sangre. Se baja de un salto, abriendo la bolsa con rápidez, bebiendo de ella como si fuera una bebida energética. Luego vuelve a subir. Sus ojos eran bicolores, mostrandose negros y rojos. Era su parte oscura. Volvió a posar los dedos sobre su cuello, pasándole toda su energía y pasados unos minutos Zènobe se encontraba como nuevo y Annie le miraba, ahora con sus ojos azulados y la respiracion entrecortada por el esfuerzo.
Se sentía tan débil por tener que haber recurrido a ella para que le sacase de aquel lugar... Se suponía que él debía cuidar de ella y aunque lo hizo, las circunstancias para él fueron casi letales. Al volver a abrir los ojos se encontraba en aquella habitación, la de Annie. Intentó retirar las alas o por lo menos encogerlas un poco, pero no tuvo éxito alguno, pues el dolor que sentía por dentro le distraía de todo acto que quisiese hacer. Se dejó curar por ella sin rechistar, sintiendo como su cuerpo se regeneraba nuevamente, hasta quedar casi como nuevo, físicamente. Entonces guardó las alas en el interior de su espalda, sintiendo como la columna vertebral le crujía ante cada movimiento, recolocándose. Deteniéndose a mirar como se deleitaba con el sabor de la sangre, evitando hacer comentario alguno sobre ello, hacía tiempo que no sabía de su situación y era por su culpa... Pero tampoco podía haberla dejado morir, porque al fin y al cabo dio la vida por ella. Cuando tuvo oportunidad de incorporarse un poco, tomó su rostro con las manos y se acercó tan sólo para posar sus frentes y aspirar su aroma con disimulo. La había echado tanto de menos... Dijo tan sólo, mientras rodeaba su cintura con el otro brazo:
- No hace falta que me digas que soy un desastre...
Le observó con detenimiento mientras parecía incorporarse, dándose cuenta de que las alas habían sido guardadas de nuevo. Ella estaba empapada, tanto su cabello como su ropa, pero no alarmada. Parecía haberse calmado. Él ahora estaba bien, estaba allí con ella, estaba a salvo. Aunque Annie no estaba segura de que en la mansión pudieran estar perfectamente. Ya pensaría la forma de ponerlo a salvo de cualquier amenaza existente. Cuando el muchacho apoyó sobre su frente la de ekka dejó escapar un suspiro, sintiendo su brazo rodear su cintura, por lo que cerró los ojos y elevó una de sus manos a su cuello, dejando que las yemas de los dedos recorrieran su piel hasta hundirse en su nuca, susurrando ella:
-No eres un desastre, Zénobe...
Estaba algo más tranquilo, respirando de forma silenciosa, manteniendo los ojos cerrados hasta que esta comienza a hablar y los abre tan solo para ver como sus labios se mueven dejando paso a las palabras. Quería explicárselo todo, pero no iba a hacerlo, se quedaría callado de tal secreto por no asustarla, no por lo sucedido a él, sino por lo que le hubiera pasado de no haber dado su vida por ella. Se quedó en silencio unos segundos,antes de hablar:
- Gracias... -Dice, tan solo. Se aparta entonces de ella, soltando su cintura con cuidado y levantándose con suma torpeza, parecía que los músculos le empezaban a responder, dejando la mirada apartada en un punto del suelo, susurra, por si no quería que nadie oyese la conversación:
- Tengo que irme Annie... Me están buscando...
Ante su agradecimiento Annie niega con rápidez, frunciendo los labios en una pequeña mueca al sentir su brazo deslizarse hasta soltarla, viéndolo levantarse, alejarse... Le había echado de menos, tanto... Suspiró, volviendo la vista hacia él cuando empieza a hablar y alza ambas cejas, alarmada. ¿Marcharse?¿A dónde? No, no podía estar diciéndolo enserio...Sacudió la cabeza, frunciendo el entrecejo, levantándose de la cama hasta quedar de pie. Annie no había cambiado en cuanto aspecto. Seguía teniendo la misma apariencia de muñeca de porcelana, el mismo brillo en sus ojos, el mismo negro azabache en su cabello...Apretó los puños, dirigiéndose al armario, retirando la camiseta que cubría su piel sin importarle realmente el que él pudiera verla. ¿Estaba de espaldas, no? En un momento se encontraba completamente vestida, sentada a su lado, en la ventana. Entonces, susurró:
-Si tú te vas, yo me voy contigo.
Sabía de antemano que esa idea no le haría ni pizca de gracia, pero no tenía otro remedio, sus acciones mostraban que estaba en contra, que no le dejaría marchar. Suspira, pues sabía que sería complicado hacerla cambiar de opinión:
- No voy a ponerte en peligro, así que tú no vienes... -Dice, siguiéndola con la mirada cuando va al armario, pero rápidamente desvía la vista aun que no pueda ver más que un precioso tatuaje en la espalda, fijándose en el suelo, en sus zapatos de piel envueltos en agua de lluvia, volviendo a mirarla cuando esta, se encuentra sentada en la ventana, una acción que solía hacer muy a menudo- Te vas a quedar aquí, vendré a verte si lo deseas. Pero tendré que comprar una casa nueva y empezar de cero, no tengo tiempo para explicártelo aquí todo...
Annie movió las piernas como si se tratara de una niña pequeña, poniendo los labios de tal forma que parecía que iba a silbar, frunciendo el entrecejo al escucharle. Toda expresión en su rostro desapareció, quedándose en silencio por un segundo. No le importaba correr riesgos. Susurra, suavemente:
-¿Una casa nueva? Bien, te ayudaré a elegirla. Dime, ¿donde la quieres? Te recomiendo un sitio alejado, ya sabes, donde los humanos no te invadan o no..espera, si no estan a tu alrededor podria ser mas fácil encontrarte..por lo que..¿Qué tal New York? Es enorme, ¿sabes?- No le habia mirado desde que se habia sentado. Mantuvo la vista en el suelo, negando despacio antes de volver a susurrar- No voy a dejarte marchar, Zénobe. No otra vez. Ya es suficiente. Iré contigo aunque no me dejes, aunque no lo entiendas, aunque no te entre en la cabeza. No puedes impedírmelo.
Se llevó la mano a la frente, frotándose esta con algo de desesperación cuando empezó a hablar de lugares, casas, cuidades y sitios relajantes. Sabía que su intención era buena, pero no podía llevarsela consigo, sería como entregarlos a ambos. Como si para ellos mataran a dos pájaros de un tiro. Dejó caer la mano, observándola al detalle, parecía que él tiempo no daba resultado en ella, tan perfecta como siempre, con esa piel sin ninguna imperfección, y esa melena de un liso estricto:
- Annie.. Annie... -Intentaba hacer que volviera en si, y dejase el juego de agencias inmoviliarias- Déjalo, por favor... Para mi también es difícil, ¿sabes?
-Ya te lo he dicho. Voy a ir contigo. Aunque no me veas. Aunque no me..dejes, ¡te seguiré! En silencio, en las sombras. Me guiaré por ti, por tus recuerdos, por tu olor... Te encontraré, Zénobe, así que no intentes dejarme atrás. Sé defenderme. No se lo que ocurre y por lo visto no tienes tiempo siquiera de respirar, vale, muy bien, no me lo cuentes. Pero no me niegues el querer ir contigo. Prometo no hablar, ni reír, ni hacer nada que pueda incomodarte. Prometo ser un cero a la izquierda, invisible. Lo prometo..-Y tras decir aquello suspiro largamente, cerrando los ojos con fuerza. Annie no solia perder la compostura, Annie no era Sarah. Pero si era cabezota, demasiado podria decirse y no iba a dejarle marchar. No solo.
Suspiró largamente tras escucharla, quedándose en silencio para pensárselo. Si la llevaba con él podría ser peligroso... Pero se volvería loco sin ella. Así que accedió a llevarla:
- Está bien... Vente conmigo si es lo que quieres, pero por favor, nada de subirse a los tejados, de escaparse, ni de llamar mucho la atención. Necesito dejar de ser un ángel durante un tiempo... -Deslizó la mano hasta su propia camiseta, rasgada por todos los lados, sacándose un hilo de esta, el cual se resistía salir, sonriendo con ligereza, evitando caer en la tentación de mirarla- Mira que eres cabezota, Massey.

domingo, 23 de octubre de 2011

" No te muevas de ahí, yo no tardo mucho en ir.."

Sobrenatural, por tu forma de mirarme.
Sobrenatural, por tu forma de contarme tu vida y todo lo que haces.
Sobrenatural, hoy no tuve bastante, por favor ven cuanto antes.
Tres metros, dos, uno nos separan.
Estás allí, mirando a la nada con esos ojos soñadores, y entonces nuestras miradas se encuentran y sonríes, dedicándome una de las mejores sonrisas que he visto jamás.



Pero lo que no sabes es que si me miras y sonríes haces que las agujas de mi reloj se paren, se congelen las horas y el tiempo que transcurre mientras los segundos pasan deje de tener significado para mi.

jueves, 28 de julio de 2011

No llores...


Porque cuando lloras, una estrella en el cielo se apaga.
Mejor sonríe, y si no tienes fuerzas..


Pintaré sonrisas en tu cara.

lunes, 25 de julio de 2011

Sara Addiction.

Buenos días, tardes, noches…Espera, ¿qué más da la hora que sea? Lo importante es que estás aquí, leyendo mi texto aunque claro, si no te interesa el contenido puedes abandonar este sitio.
Bien, hoy vamos a contar la historia de dos amigas, más bien, dos mejores amigas…Espero que os guste.

La conoció a principios del primer curso de la ESO, es decir, en 2008. Ha pasado mucho tiempo, ¿a que sí? Pues todo este tiempo no ha servido ni ha sido capaz de separarlas. Recuerda que la primera vez que la vio pensó que era la típica “rockera” que no hacía nada más que hacer el vago en su casa. Su primera impresión era que la chica era un tanto tímida, aunque era simpática. Claro está, las apariencias engañan y la muchacha lo supo después de unos meses.
Aquella imagen que había tenido de la muchacha cambió. Ahora era una de sus mejores amigas, con la que compartía risas, alegrías e incluso problemas, dudas y tristezas. El patio del instituto en el que ambas estudian es consciente, es testigo de cada una de las conversaciones, de cada una de las risas, de cada una de las lágrimas derramadas en estos tres años.
La chica que en un principio pensó que era una “rockera” supo que era más que eso. Era una de las mejores personas que había conocido a lo largo de sus primaveras y, poco a poco, se convirtió en un pilar de su vida. Un punto tan importante que, aunque pequeño, era imposible de borrar con cualquier tipo de instrumento. Pero como dicen, las pequeñas cosas se hacen grandes día a día y eso hizo. Actualmente apenas pueden pasar un día sin hablarse, es prácticamente imposible.

“…Bajó las escaleras con la vista clavada en el suelo, dejando que sus cabellos lisos, tan largos y oscuros taparan su rostro, el cual mantenía aquella mirada triste. La chica le esperaba en la cancha, de pie, con un zumo terminado y el cual se disponía a tirar. Al verle alzó ambas cejas, frunciendo el ceño. Algo iba mal, lo sabía, podía sentirlo. No le hizo falta llamarla, la muchacha de cabellos oscuros se dirigió directo hacia ella y, cuando estuvo cerca, alzó la vista. En sus ojos marrones claros se veía perfectamente lo que había sospechado. Había pasado algo malo, otra vez. Suspiró. Sabía que no podía hacer nada, no por ahora, ya que le había advertido en múltiples ocasiones. “No es buena” “Mira lo que te está haciendo”, recibiendo como respuesta un: “Todas las personas tienen algo bueno, M”. En ese instante rodeó su cuerpo con los brazos y ambas se unieron en un abrazo. Era lo único que podía aportarle ahora mismo. Hacerle saber que ella estaría allí pasara lo que pasase, que tendría su apoyo incondicional…”

“…Santa Cruz estaba lleno de gente a esas horas de la noche. Claro, eran Carnavales, ¿qué más se podía pedir? Era la primera noche que salían ambas hasta tan tarde aunque claro, estaban acompañadas por otra amiga y sus padres. “Tengan cuidado” Habían dicho. Ambas se miraron, asintiendo y en ese momento tomaron sus manos. Una tiraba de la otra en medio de la multitud, dirigiéndose a donde los demás iban, siguiéndolos mientras compartían con el grupo risas e incluso lágrimas de la gracia que provocaban aquellos disfraces. Recuerda que aquella noche la enseñó a bailar salsa. No era el tipo de música que ambas escuchaban, pero era mejor saber bailar de todo. Regresaron a las 6 de la mañana y como siempre, compartieron el colchón. También recuerda que, como todas las noches que se quedaban a dormir en casa de su amiga, la tiraba al suelo y por ello aquella noche la “desterró”, dejando que por la mañana el “adorable” Cockie la despertara con lametazos y ladridos…”

“… Seis de enero de 2011. Recibió una carta en un sobre de color azul, del mismo tono que la letra con la que se escribía en el papel. Era ella, reconocía esa letra aunque estuviera en un graffiti en medio de la calle. Solo había recibido dos cartas de ese tipo a lo largo de su vida, pero sabía que para su mejor amiga esa era la primera. De las tres, es la más especial. “¿Cuándo sonrío? Estás tú, sonriendo conmigo. ¿Cuándo lloro? Estás tú para secarme las lágrimas. ¿Cuándo estoy triste? Estás tú para darme un abrazo. ¿Cuándo me caigo? ¿Quién me da la mano para levantarme? Tú.” Quiso haberle respondido con palabras, pero no eran suficientes. Como ella misma decía “Llega un momento en el que las palabras no alcanzan”. Y era cierto. Aquel día su sonrisa era amplia, tanto como la de su mejor amiga…”

“…-S, ¿qué te pasa?
+Nada.
-¿Recuerdas? Puedes mentir, puedes actuar y fingir delante de todo el mundo, pero a mi no me engañas…
When you're down and lost
And you need a helping hand
When you're down and lost
Along the way
Oh, just tell yourself
I, I'll be OK


“…La había llamado aquella noche debido a que no se encontraba en la isla y hacía unos días que no hablaban. Para su sorpresa, la chica estaba llorando o al menos, explotó cuando su mejor amiga llamó.
+¿Qué te pasa?
- Ha…
+¡Qué capullo!
Sus palabras habían calmado a la muchacha que se encontraba del otro lado del teléfono. Ya no lloraba, tampoco sonreía. Tan solo sentía que necesitaba un abrazo de su mejor amiga y sabía que lo primero que iba a hacer al verla era eso; abrazarla.
“Cuando lloras, yo lloro. Porque si tú estás mal yo también lo estoy”…”

“…Como cada día se sentaron detrás de la portería de fútbol. Hablaban sobre sus cosas cuando, en un momento, apareció una chica de un curso superior, dedicándoles una sonrisa.
-¡Hola chicas!
En ese momento, como si se hubieran puesto de acuerdo, contestaron ambas al mismo tiempo.
+¡Hola guapa!
La chica se quedó flipando. ¿Acababan de hablar al mismo tiempo? Sí. Volvió a preguntar.
-¿Cómo estáis, pequeñas?
+¡Bien! ¿Y tú? –Había pasado de nuevo. Lo habían hecho otra vez.
-Bien..sí..bueno..yo me voy…que me está entrando miedo ya…
Y entonces ambas estallaron en carcajadas. Realmente no se habían puesto de acuerdo, simplemente, ellas eran así…”

“…Había vuelto a llamar. Al contestar escuchó que tenía algo para ella. Era el detalle más bonito que habían tenido con ella jamás. Una canción. Para ella. Joder, ¿le había hecho una canción? Se titula: Mi pequeña.
“Ven, dame tu mano y levántate.
No llores, prometo que todo irá bien.
Quítate las manos de los ojos, yo te ayudaré.
Sé fuerte, sé que lo eres, oh, oh, oh…”

“ –Si pudieras pedir un deseo…¿Cuál sería?
+No sería uno, hay muchos.
-¿Uno de ellos?
+No te vayas nunca.
-No me iré.
+Por…
-…Y para siempre.”

Y sí, yo soy una de las chicas de la historia. ¿Queréis saber quién es mi mejor amiga? Se llama Sara. Ella me ha enseñado el verdadero valor de la amistad. Me ha enseñado a sonreír cuando no había motivos para ello, a ser fuerte cuando todo el mundo no lo es, a ser yo misma. He aprendido que personas como ella hay pocas en este mundo, personas sinceras y tan unidas a ti que parecéis una. Me ha levantado cuando me he caído, he visto su mano en medio de la oscuridad, como una luz a la que sí hay que seguir. Ha dado fuerza y energía y me la ha entregado a mí.
¿Qué necesito un abrazo? Allí está ella, con una de sus sonrisas, marcando hoyuelos.
¿Qué es el día más triste de la semana? Allí está ella, haciéndome estallar en carcajadas con sus boberías.
¿Qué me han hecho daño? Allí está ella, con el machete en mano y la ametralladora en la otra, dispuesta a derribar a cualquiera que se le ponga por delante.

Y sí, mejor amiga, esto es para ti. Como tú misma dices y se ha mencionado antes, las palabras no son suficientes para expresar todo en unas simples líneas. Pero dudo mucho que haga falta. No para ti. Solamente una mirada es suficiente para hablar.

Te amo.

Massy Addiction.

viernes, 1 de julio de 2011

"Te quiero"

Supongo que hay muchos a los cuales decir "te quiero".
Madres, padres, abuelos, amigos, chicos y chicas especiales...Mucha gente a tu alrededor a las cuales decir estas dos simples palabras, las cuales pueden llenarte completamente, hacer que te estremezcas y, en su falta, dejar escapar suspiros, sentirte decaída o quizás triste.

Son dos palabras con un significado muy grande. Dos palabras que pueden decirse en todos los idiomas que existen; Te dua. Ich liebe dich. T´estimo. I love you. Te quiero. Ti amo. Vos amo... Dos palabras que expresan un sentimiento, una emoción, que crea sonrisas...

La cuestión es como decirlo. Podríamos escribir una carta, quizás una postal..Hacer millones de graffitis por la ciudad con el fin de que pases, lo veas y sonrías. Hacerlo cuando el momento más esperado llegue o tras una discución. En un simple abrazo o cuando los labios se tocan en un simple roce. Por medio de un sms o en un mensaje por cualquier red social. Un texto en una foto cualquiera, un grito, un susurro...

Yo me limito a hacerlo a solas, donde nadie pueda verme ni escucharme. No lo escribo, no lo grito, no lo pinto en un corazón ni marco la madera de un árbol...Lo digo en un susurro, con la esperanza de que algún día llegues a escucharlo.

miércoles, 15 de junio de 2011

Para nadie.

La época se acerca de nuevo y quizás no lo recuerdes, pero yo sí. Recuerdo aquello como si fuera ayer. Pensé que me olvidaría, que no me daría en el pecho tan sensación al pensar en ti. Pensé que no te marcharías de mi vida, como prometiste una vez. Pero ahora no estás, en ningún sitio. Como si nunca hubieras existido.

Supongo que debo aprender a no creerme las promesas.

Y esto me pone triste. Porque me acuerdo de ti. De como me llamabas, de lo que me decías al saludar, de aquella vez que te conectaste en contra de tu madre, a las 2 de la madrugada solo para darme las buenas noches. ¿Lo recuerdas? Yo no lo he olvidado. Como tampoco he olvidado los rasgos de tu cara, ni he dejado de imaginar como sería tu risa o tu voz...

Pero ya no estás. Pareces haber desaparecido de la faz de la Tierra. Sin dejar rastros, ni pruebas, ni pedazos de pan en un camino para que pueda seguirte. No queda nada y me pregunto porqué. Me pregunto si los que están a tu lado te valoran lo suficiente, porque yo moriría por verte. De lejos. Una sola vez, sólo...una.

Porque a mi me gustaría verte tocar la guitarra, oírte cantar...Me gustaría oírte reír y perderme en tu sonrisa. Y no puedo.

Y ahora me despido. No con un adiós, sino, con un hasta luego.

lunes, 24 de enero de 2011

"When I see your smile...just for me."




"Te llamo por tu nombre
Por tu amor yo caigo...De rodillas.
Y si tú lloras, mantendré tu cabeza en alto.
Estaré a tu lado u siempre seré tu angel guardián."

Jejeje.


I love how your eyes close when you kiss me. And when I´m away from you I love how you miss me. I love the way you always treat me tenderly. I love how your heart beats whenever I hold you. I hold you. I love how you think of me without being told to. I love the way you touch is always heavenly. But most of all I love how you love me.

Ángel guardián.

Las alas del ángel podrían haber deslumbrado a cualquiera.
Y entonces, ella despertó, aturdida.
¿Dónde estaba?

-¿Dónde estoy?-Exigió saber.

Pero el ángel no respondió, se limitó a mirarla en silencio. Entonces ella se percató de que no estaba en un sitio normal, ni con gente normal...Estaba nada más y nada menos que con un...ángel.
El chico no superaba los 17 años. Tenía el cabello castaño oscuro, que le caía hasta tapar sus ojos marrones. Podría decirse que era tremendamente apuesto. Sus alas desprendían una cegadora luz que, al mismo tiempo, parecía suave para ella. Eran despampanantes...

-¿Quién eres? ¿Por qué estoy aquí...?
-Soy un ángel. Soy tu ángel guardián.

Inalcanzable.

Frente a ella, el mar estaba a sus pies.
Oscuro como el mismo cielo, reflejaba la luz de las estrellas como si de un espejo se tratase.
La chica de cabellos castaños y claros ojos marrones clavó la vista en los astros luminosos que se encontraban encima de su cabeza.

A miles de kilómetros.
Inalcanzables para ella.

Frunció los labios en una mueca, para luego apoyar las manos en el oxidado hierro, seguramente lleno de salitre. Las pequeñas olas provocadas por la acción constante del viento chocaban contra las piedras, que se mantenían quietas, fuertes, como una muralla que nada ni nadie podía romper.

Volvió a mirar al cielo, contemplando, maravillada, las distintas constelaciones que formaban las estrellas. Seguramente habrían muchas más, invisibles  a su vista. Le fascinaban las estrellas. Eran... especiales. Eran hermosas. E inalcanzables.

Suspiró largamente. Era cierto eso que decían: "Todo no se puede tener".


+¿Y si te pido una estrella?
- Te la daré.
+¿Y si te entrego mi vida?
-Me iré contigo, donde quiera que estés.


Y entonces, en medio de la oscuridad, la chica desapareció, sin dejar rastro.

sábado, 15 de enero de 2011

My little girl.

Ven, dame tu mano y levántate.
No llores, te prometo que  todo irá bien.
Quítate las manos de los ojos, te ayudaré.
Sé fuerte, sé que lo eres...
Oh, oh, oh... 



Shhh, silence.

En aquella habitación había más que dos personas.
Habían dos presencias y, con ellas, una extraña aura. Pero no era oscura, tampoco era clara. Estaba mezclada con el ambiente, combinando sentimientos y emociones de ambos. Se podría decir que Cupido había dado en el clavo.
os dos jóvenes estaban sentados sobre una cama, descalzos. Se observaban, examinando su rostros, clavando sus ojos en los del otro, nadando en aquel cristalino manantial azul. Una sonrisa afloró en el rostro de la chica, que tomó la mano del muchacho. Ambos entrelazaron los dedos, acariciándose así. El chico se echó hacia adelante, acariciando una de las mejillas de la joven con las yemas de los dedos. Ella sonrió; no podía dejar de mirarlo.Y entonces sus labios se rozaron, soltando una chispa, emitiendo tanta luz que podría deslumbrar a cualquiera. Acariciaron sus labios con suavidad, disfrutando de aquel momento único, deseando que nunca acabara. Se inclinaron un poco hacia adelante, sin separar sus labios. Ambos ladearon la cabeza, rodeándose con los brazos, uniendo ambos cuerpos.Cuando sus labios se separaron, unieron las frentes, manteniendo los ojos cerrados, esperando a recuperar el aliento. Ella abrió los ojos, observando con atención al muchacho. Ahora su respiración estaba un poco agitada, aunque no lo mostraba.
-Te quiero...-Susurró ella, ruborizándose un poco.
Él abrió los ojos al escucharla, susurrando:
-Yo también te quiero.

Hush, hush.

Lo miré a los ojos y no pude evitar imitar su sonrisa.
-Esperemos que no te favorezca. ¿Tu sueño más anhelado? -Me sentí orgullosa de esta porque sabía que le dejaría sin respuesta. Requería pensar con antelación.
-Besarte.
-No tiene gracia.-Dije aguantando su mirada, agradecida de no haber tartamudeado.
-No, pero hace que te sonrojes.



Hush, Hush. 

domingo, 2 de enero de 2011

Feliz Navidad.

Había dejado de llover y ella aprovechaba para esconderse bajo una parada de autobús. Respiró hondo. Su pelo, incluida su ropa, estaban empapados. Se sentó en uno de los bancos de la parada, esperando que terminara de llover de nuevo. Dibujó una triste sonrisa en el rostro al recordar en que época del año estaban. Navidades.  Dejó escapar otro largo suspiro; otro año igual.
Se suponía que en esa época del año se  reunía toda la familia, trayendo consigo risas, abrazos y compañía. Esa era la ilusión de la Navidad; estar juntos, quejarse por el frío y ponerse esos graciosos gorritos.
Pero ese año volvía a ser como el anterior. La soledad reinaba el hogar, recordando en cada momento que, aunque hubiera un enorme árbol de navidad, no habrían personas que colocaran postales de felicitación en este.

Ella habría dado cualquier cosa por volver a escuchar a su abuelo reír, habría dado cualquier cosa por borrar su triste mirada y convertirla en aquella que tanto le había inspirado, tan fuerte...
Habría  dado cualquier cosa porque su joven tío le hubiera despertado cantándole aquella horrible canción, porque le hubiera arrebatado las sábanas y almohadas cada domingo. Habría hecho cualquier cosa por oírle decir de nuevo; "Misifú".
Y habría dado cualquier cosa porque su abuela, tan dulce y agradable, la hubiera comido a besos, por preparar postres con ella...Por ver esa extraña mueca que dibuja en su cara cuando se enfada y por volver a llamarme María Antonia.

Pero ella ya no estaba allí; tan solo vagaba en sus preciados recuerdos. Y esos recuerdos se marcharon al volver a la realidad, evaporándose como el agua...Esfumándose con el viento y enredándose entre las hojas de los árboles...

Entonces ella sonrió; por ellos, por sus recuerdos...
Eso era algo que nadie, absolutamente nadie podría arrebatarle.